PROMESAS VERANIEGAS

Rompí mi promesa de  hacer sólo una entrada a la semana en vacaciones. Una vez rota siento que tengo vía libre. Al fin y al cabo, fue sólo un pacto conmigo misma. Puedo romperlo. Puedo escribir más comedietas.

Inmponerme ese límite fue sólo una forma de seguir conectada, de no dejarlo y, a la vez, no pasarme. Necesitaba esa meta porque soy de las que si deja algo: lo hace para siempre,  a pesar de ser “sólo un parón estival o momentáneo” y de haber sido disciplinadísima durante todo el invierno. De sobra lo sé, me basta revisar los ejemplos previos de la eterna oposición, de la dieta, del gimnasio y del dichoso  inglés.

Una entrada es algo escaso para mi verborrea- de ahí la excesiva largura de muchas- ¡qué autojustificación más desafortunada!- pero, pudo haber sido, justa medida. Como desayunar EXACTAMENTE tres, sólo tres,  galletas. Tres galletas integrales, por supuesto, sin azucares añadidos y con su correspondiente soja, salvado, lino y todas las mandangas que se les ocurre añadir. Vendiéndonos comida de pájaro a precio de caviar con el pretexto de evitar el descabalgamiento celular, los efectos de los radicales libres, los sofocos y todo lo inevitable. En vez de eso, me acabo de atizar dos tostadas de auténtico pan payés con su tumaca, aceitico y ajo heredadas de mi breve estancia en Ibiza. – ¡Ay!. ¿Por qué tengo que adoptar todas las costumbres perniciosas que se me presentan?. ¿Dónde anda mi voluntad resbaladiza?-. Puro vicio es lo que tengo. Ya lo decía mi abuela. Pero ya llegará septiembre… ¡con su impacable báscula y los compromisos restrictivos!.

También con el tema de las entradas: puro vicio. Ya empiezo a levantar sospechas y miradas de reproche cuando destapo el pincho y abro, sigilosa, la tapa del portátil, cuando hago fotos a todo con lo que nos agasajan y sirven las amistades, a cuanto cocinamos e, incluso- cual friqui-,  a lo que pedimos en restaurantes y merece la pena ser recordado. Aunque luego no lo use y se acumule en álbunes privados, sin más. También asoma esa misma mirada recelosa cuando se me van los ojos y las manos a las estanterías de libros de gastronomía de cualquier tienda o museo visitado.

No me queda otra más que confesar y declarar abiertamente mi engache a leer los blogs afines, a pensar en mis próximas entradas- aunque l@s lectores sean poc@s y menores aún  los comentarios- por autocomplacencia genuina, sin más.

Así que dejo este reflexión personal sobre mis despropósitos junto con este enlace sobre gastronomía y películas que me parece interesante- ¡lástima que mis días de vacaciones estén por terminar!-: Cine&Food en Canarias, para promocionar el queso y el vino de la zona y,  de paso, relacionarlo con el Séptimo Arte. ¡Una buenísima experiencia!. Por si aún os quedan días, no tenéis planes y podéis haceros con un billete directo a las Afortunadas.

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