AQUÍ, SERVIDORA DOÑA CROQUETA, SU TERAPEUTA

Escribía Lorenztero el otro día una entrada sobre su animadversión a las croquetas.

Y HE SALTADO COMO UN RESORTE AL LEERLA HOY. Cualquier cosa menos un ataque a la croqueta. Respeto la sabiduría y la forma de expresarse de Loren. Sin conocerlo, sin haber ido a su cocina, sin haber trotado con él por las sendas de su Donosti, sé que es sublime en el trabajo y  una gran persona. Se percibe al leerlo o, al menos, esa es la impresión que me causa. Pero en esto no puedo estar conforme. Me encanta el proceso seguido por “la Secretaria”. Muy ingeniosos ese estudio de mercado. Me gusta su estilo siempre dinámico, pulcro, con humor. Con sus fotos sinceras, sin necesidad de recurrir al mundo “vintage”, con sus correspondientes y estudiados desenfoques, adornos wonderfoul de la tienda patrocinadora de mantelería, muñequitos y flores colocadas como al azar.  Nada de eso en el suyo. Naturalidad, buena cocina y mucha vida se respira leyéndolo y siguiéndolo en las redes. Pero no puedo compartir su disgusto con la croqueta, al menos al cien por cien porque todo depende…

CROQUETAS DE ZANAHORIAPara mí, una croqueta es muchísimo más que un alimento oval, cargado de hidratos. Incluso es más que el aroma a infancia que señala con acierto Manuel en un comentario en la misma entrada. Para mí, las croquetas son terapéuticas. Junto con otras faenas de la cocina, entre ellas hacer tortillas de patata, hervir caldos cual bruja piruja en caldero y luego desmigar los ingredientes cocidos. A menudo, hacer caldo y croquetas (como en muchas casas) suelen ir parejos. Primero, hervir, luego: croquetear. Por eso me había puesto a responderle, a contarle a él lo que me ocurre a mí con la croqueta y ¡me he emocionado tanto que ha salido larga, inmensa! (me suele ocurrir, necesito unas cuantas clases más de síntesis). Siempre que me pasa eso, me digo que usaré la inspiración para una entrada pero luego lo voy retrasando y acaban en el olvido. Ni en los blogs amigos como comentario ni en el mío, sólo en mi cabeza (no está mal tampoco, reflexionar siempre viene bien).  Y hoy no va a ser así. Me decido, corto y pego rauda mi respuesta. Rebusco fotos del archivo y una cancioncilla y vuelvo aprovechando la ocasión:

“¡Hola, Loren!. ¿Y si te digo que, además de suscribir lo que dice Manuel, a mí croquetear me relaja tanto que me es vital, imprescindible?. Y nada de Thermomix. Primero porque no tengo y segundo porque con la máquina se pierde el encanto, se pierde la respuesta terapéutica que yo necesito. Cuando estoy de subidón por algo, nada mejor que montar en mi cuartel un Gabinete de Crisis Croquetil: agarro la sartén (que tengo específicamente para armar la masa y a la que ya tengo tomada la medida), saco los ingredientes básicos, troceo con saña los adicionales y me pongo a remover con energía pero paciencia infinita. Enchufo la música que hará de banda sonora a toda pastilla y …   – Mientras muñequeo, mi vida no consumo– parafraseando a la Montiel. Los malos humos se van evaporando conforme se integran los ingredientes que en ese momento tenga en la nevera o los que procedan del caldo. No necesariamente la croqueta de jamón es la number one. Hacer croquetas permite la creatividad, el aprovechamiento y la invasión de la calidez de la infancia en mi ánimo. Es como si pudiese sentarme de nuevo en el regazo de mi abuela para que me contara una historia de su pueblo. Pero no respeto ancestrales recetas. Soy incapaz. Las mías son de leche desnatada, a veces con aceite de oliva en vez de mantequilla, usando harina integral, añadiendo la harina justa (no se trata de añadir harina y harina sino del tiempo de revolver para que el líquido se evapore y ese desagradable sabor farinoso desaparezca). Intento que tiendan a lo ligero dentro de la bomba calórica que son. CON HARINA INTEGRAL

Otra ventaja de hacer croquetas es que son atemporales. Los sopicaldos (que también me producen efecto parecido) sólo me sirven para invierno. A la croqueta el frío invernal le va, pero comerlas en un picnic primaveral, también. Siempre puedo hacer croquetas. Siempre puedo confiar en que conforme la masa va despegándose de la sartén, conforme va cobrando vida propia, un deseo de gritar, un poco de furia, se esfume.
Ni siquiera mancho tanto como dices de la práctica que ya tengo adquirida. Me parece un proceso lento pero limpio. Más que limpiar la sangre de los/ las que asesinaría en plan Dexter, vamos ¡está claro!. A veces, mi excitación es tal que tras una variedad, hago otra. Lo necesito, depende del nivel de sulfuro de mi ánimo. Hay a quien le da por planchar, limpiar cristales, irse de farra, decorar galletas, ponerse a correr mientras escucha a Barón rojo o tirarles trastos a la cabeza de su pareja o hijos, hacer bolillos, a mí ya ves…

OTOÑOPRIMAVERADSC_0029VERANOINVIERNO

Eso sí, generalmente, me freno y no las consumo habitualmente.

Pocas en los bares; esporádicamente, en casa. 

En los bares porque es más de dieta un encurtido, porque me parecen caras y muchas de ellas insustanciales (en algunos casos, contados, no es así y ahí, sí que caigo) y en casa porque el rito para ser completo, para reconfortarme de verdad, manda compartirlas en un acto social festivo.  Es necesario compartirlas y sentir que el círculo se cierra. Recordar que hay malos momentos pero ahora, ¡ya ves!, aquí estamos riéndonos mientras comparamos sabores.

DE INVIERNOCroquetas de paella

Eso puede ser así porque dejo amorosamente (y no es retórica, le pongo amor al asunto y si alguien  osa tocar la masa, ¡maaaaato!) reposar el resultado, les doy la forma, a mano (mi abuela y mi madre me intentaron enseñarme lo de las dos cucharas pero, con las manos, lavadas y continuamente humedecidas,  es tan reconfortante sentir la masa como si de arcilla o Fimo se tratase que no lo resisto). Las empano, eligiendo el tipo que mejor les va (con o sin perejil, con o sin ajo, de pan o quicos,…)  y coloco en bandeja para congelarlas separadas y que no se peguen. Después, tras leer varios capítulos del libro de turno, compruebo que ya están congeladas, las saco, las cierro y etiqueto en una bolsa con la fecha y el sabor (a veces esto se me olvida y es otra fiesta averiguar de qué me dio por hacerlas) y…¡al congelador esperando su momento de consumo!. También podemos hacer catas comparativas porque jamás, jamás de los jamases, me salen igual. Tengo el cajón lleno de variedades. O no. De nuevo, depende.

pinchosY nada de freírlas de cualquier manera, por supuesto. Últimamente hasta con  el horneado ando investigando. Son famosas en mí círculo. Algunas, justo es reconocerlo, por el fracaso que supusieron. Por duras (memorables unas de “pito caleya” que hice en Asturias. No sabía que el bicho era tan duro), por extrañas (las de paella, por ejemplo, tuvieron sus detractores, en cambio a otros les encantaron), por requemadas,….                Croquetones                            Hasta me quería contratar una amiga para servírselas en su casa (cuando aún trabajaba que ahora es una de los seis millones) pero… ¡a las amigas no se les cobra y con la terapia de una no se negocia!. No  la puedo controlar. Hay temporadas en que no hago ni una y otras que son montañas.

En fin, siento el rollo marcado pero es que me lo pedía el ánimo. Tenía que defender el poder de la croqueta. Su capacidad para sanarme, para recordarme momentos de paz, para revivir reuniones placenteras, para anticiparlas, para sentir que si puedes hacer croquetas podrás estirar tus miserias, podrás alimentar a un regimiento jurando como Escarlata que nunca pasarán hambre. Algo así como los huevos tontos, también de mi abuela. Como hacía esa mucama, creo que Florinda Chico, en una serie española del ayer con el insoportable galán de Arturo Fernández  (-pero… ¡¿cómo puedo acordarme del nombre de este tipo y olvidarme de los componentes de Dogma?!, a veces odio mi cabecica de serrín-). Un beso y mil disculpas por la invasión, Loren”.

Pues eso, disculpas y agradecimientos también para quién se atreva a llegar hasta aquí. ¡Me he despachado a gusto!. Hoy, que he escrito tal vez no necesite elaborar croquetas, porque ahora que lo pienso, esta temporada de sequía del blog, coincide con tener el congelador tan lleno de variedades como para hacer tres catas: de tinta y chipirón, de gambas con salmón, de cocido, de paella, de zanahoria, de queso y setas,… ¿Coincidencia?. No lo creo.

Pd.: las croquetas no se si serán tan útiles para el resto, pero pasiones levantan, hubo un grupo llamado “Mundo Croqueta” con un único disco (“Canciones rebozadas”) que se puede oír aquí. Y, por supuesto, ya ha habido un “Día de…” en Twitter con clamoroso éxito.  En el que yo, otra vez, dejé escapar sin aprticipar.

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19 respuestas a AQUÍ, SERVIDORA DOÑA CROQUETA, SU TERAPEUTA

  1. bellezacorazon dijo:

    Me incites reir con el titulo de la entrada, doña coqueta. De veda que bien las haces, tienes que estar super ricas. Gracias por enseñarnos estas cosas. Saludos y feliz lunes

    • Liacice dijo:

      Saludos apra ti. bellas, bellas, no te creas qeu me resultan. La forma, el tamaño, también va según em da el aire. Y algunas se me pasan de tostadas… En fin, que necesitaré décadas de probatinas y jamás alcanzaré la perfección pero ¡ni falta que nos hace!. Si no, iagual tengo que acaabr gastándome al pasta en psicólogos y… ¡eso sí que no!. Jajajaja

  2. lorentzero dijo:

    Me has hecho reír mucho y casi hasta me convences para ponerme a empanar, pero por suerte las ganas, se me han pasado enseguida. Me siento muy halagado y feliz por tu reflexión, espero que algún día compartamos unas croquetas (que sean tuyas) o lo que sea, el caso es sentarse alrededor de una mesa llena de comida.
    Tenía un buen día y tu me lo has mejorado, gracias por dejarme esta cara de tonto para lo que resta de tarde.

    • Liacice dijo:

      La msima que se ma ha quedado a mí al leer tu entrada. Una provocación, un guante lanzado que me era imposible no recoger. Todo es sincero. Desde mi admiración hasta el croqueteo. Por supuesto que cuando vaya: llevaré masa de croquetas. De qué serán eso sólo el tiempo y lso malhumores lo dirán. Un beso, Loren

  3. Marta_olass dijo:

    Si ya se lo decía yo! En cuanto leí su entrada, tras morirme de la risa, me planté cara a cara delante de él y… le pedí que me hiciera una ración de croquetas 😉

  4. A mi las croquetas me gustan mucho cuando están bien hechas, pero como bien dices, es un arte que no está al alcance de todos, en muchos bares son insufribles, pero en otros son sublimes y en esos casos que me han dado fe de que allí son buenas y ricas, no dudo en que sea una de las elecciones para picar ineludibles…
    Yo no he realizado ni visto en directo el proceso de creación de este plato, pero como he visto que contabas y otros me han dicho, veo que es laborioso, lo que me hace aseverar que no creo que intente ponerlo en práctica. Mi madre no fue de esas que la cocina le privase, y por tanto este asunto de las croquetas nunca estuvo entre uno de sus fuertes, al menos no me dejó huella, -al contrario que otros platos-, y por tanto ese “saber hacer” que hace pasar de generación en generación un plato, en el caso de las croquetas en mi vida no se dio.
    Me alegra que vuelvas por tus fueros 🙂

    Viva la buena croqueta!!!

    Besos.

    • Liacice dijo:

      Ya confieso que en mi caso no es gastronomía. Es terapia de la dura. Más desde que no tengo perro al que pasear y al mundo deporte me acerco (por aquello de las endorfinas) pero no me acaba de arrastrar. en cambio, masoca que es una, haciendo croquetas, la tarde entera si es preciso y sin enterarme. Luego exclamo: ¡Uf!, ¿por qué estoy tan canasada?. Y, claro, recuento el rato que llevo liada con el tema y me salen ¡rosarios de la aurora boreal!. Jajaja. Pero sarna con gusto no pica. Y del mal fú que me apremiaba…¡ni rastro!. Ahorro en sesiones de diván. Me aprece que a ti te sirve para eso las letras, las fotos, … pero yo si estoy muy acelerada es que no me puedo concentrar más que en algo tan rítmico, como el girar. Algo así como el baile derviche pero de muñeca nada más. Ni siquiera trasplantar, revisar las flores,.. que es otra afición que presta. No proque para eso también hayq ue poner mucho cuidado.E ir de compras y esas otras cosas que suelen hacerse no me sirve tampoco. No sé. Tontunadas de las mías. ¡Qué viva Doña Croqueta!. Gracias por seguir ahí, afectuosamente.

      • Esa terapia tuya debe ser un placer para los que te rodean!! 🙂

      • Liacice dijo:

        De eso se trata, ¿no?. Transformar los desafectos, los agravios, la rabia,…en algo placentero, en tus narraciones, poemas, cuadros, platos,… Hacer bello lo horrible. Buen martes

      • Tienes razón se trata de eso, transformar lo feo en bello.
        Feliz Martes para ti también, aunque hoy mi martes se viste feo, viviré uno de esos días duros, once despidos, once dramas…hoy será difícil transformar este día en bello, cuando la sangría de ceses laborales continúa.
        Un beso.

  5. David dijo:

    Ay, coraçao. Si estás cambiando la escritura por la masa de croquetas, sólo serás perdonada cuando convides a tus fieles. Pon lugar y fecha, que nosotros boca y tripa.
    Genial la terapia, y no olvides que en este mundo hay personas, gente, chusma y anticroqueteros. No des tanto cuartel al enemigo.
    Un beso

    • Liacice dijo:

      ¡Fiel a la familia Auserón canto siempre eso de “un vaso de agua al enemigo” con total convicción!. Y, no te preocupes que croquetas haberlas, haylas. Y encantadas estarán de ser devoradas por tu paladar exquisito. Tal vez, nerviosas saltarán en el aceite, pendientes del veredicto de tus moscas, pero gustosas de servir a rellenar la figura alegre de ese caballero que conformas.(Comprobarás que me he mordido más los dedos para no escribir lo de la tristeza asociada a tu pinturero donaire). Un besazo, David y gracias mil por seguir estando aquí.

  6. lakittywoo dijo:

    ¡Qué gusto da verte contar con gusto! Me ha encantado, y además ¡tengo hambre! ¡Y ganas de croquetear! Qué actitud tan vital, la de la cocina. Tan primitiva y a la vez tan progresista.
    Es muy “tú” esto de estar aferrada a las tradiciones y a la vez ser un espíritu libre. Precisamente por esto estás tan por encima de todo, en el mejor (por supuesto) de los sentidos. Qué gusto da, repito, leerte.

    Con tu permiso… ¡¡comparto!!

    • Liacice dijo:

      ¡Qué bien y cuánto em alimentan tus palabras, Kitty!. Estoy siempre dudando y sintiéndome tan pequeña con lo del escribir que yo no me atrevo a compartir ni a llevarlo a otros lugares y me doy sustos cuando, de repente, veo mis cociditos por ahí. A pesar del pudor…¡mi ego se hincha, mi alma escribana se alegra ¿por qué voy a negarlo?!, así que gracias, gracias y gracias. Si pudiera, te enviaría uans cuántas croquetas. ¿Y por qué no?. realmente puedo hacer unas especiales para ti. Unas a base de algas o brotes, unas de algo original, de eso con lo que nos gusta investigar, probar,… a la altura de tu ideal japonés, no sé. Tal vez lo haga. Jajaja, acabo de darme una idea gracias a relacionar mi terapia contigo. La de buscar un sabor que reavive, que nos haga enlazar con nuestra parte primitiva pero también con nuestra parte celestial,… ¿Seré capaz?, E igual te animas tú: ¿seremos capaces?. Si lo logras tú antes, dímelo, Kitty. Bss

  7. bypils dijo:

    Madre mía! Adoro las croquetas, Lia.
    Siempre estoy a la búsqueda para la cata. Las tuyas tienen una pinta fenomenal.
    Babeando estoy. ; – )
    Un abrazo.

    • Liacice dijo:

      Tus terapias son con rotus las mías con harina, leche y el resto de ingredientes. Aunque compartimos la terapia hortal. La cuestión es no dejar que el tedio, al desidia y el malestar nos invadan sino darle la vuelta y crear bienestar, belleza, alimentos y lo que ¡haga falta!.
      Un beso, Pils

  8. Dessjuest dijo:

    A mí las croquetas me gustan, aunque no las sé hacer y pocas veces me las hacen, me tengo que conformar con las compradas que no es lo mismo, soy más de albóndigas y tortillas, para hacer digo, a las tortillas de patata no me gana nadie ojo, antológicas, hasta japoneses haciendo fotos he tenido en la cocina.

    Pero sin duda la entrada supera a las croquetas 🙂

    • Liacice dijo:

      Muchas gracias. Cada uno buscamos un camino, una receta, un pensamiento para conquistar, para la pequeña gloria particular. Y, de sobras sabes, que las croquetas, las tortillas, las albóndigas,… (fotografiadas o no por los amigos nipones) nos trasladan a la gloria y nos ayudan a retozar con quién le hayamos alimentado el espíritu. Y eso es lo fundamental, lo que nos impulsa a todos, creo: el placer de estómagos y cuerpos.

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