HÚMEDAS MEJILLAS

I: MEJILLA A LA SAL.
Bernard Van Leer, el director del  Congreso Munidal de Cocina,
se sienta frente a los micrófonos que esperaban al Chef.
Pero sólo está él. Solo.
Los cámaras, por si acaso, comienzan a grabar.
El director respira hondo, abre la boca y baja los ojos.
Ni una sola palabra.
El sonido se ahoga en su garganta.
Sube el cuello y estira hasta el flequillo.
Más de seiscientos ojos le observan. periodistas de todo el mundo que han venido a la inaguración especialemnte para ver al Chef.
Van Leer aprieta los pulos bajo la mesa y acerca la cara la micrófono:
– Señores, el Chef ha muerto.
Una lágrima de sal resbala por su mejilla.”
         – EL CHEF HA MUERTO- YANET ACOSTA-
 

Paseos y cocina. Cine y cocina. Encuentros y cocina. Sexo y cocina. Emoción y cocina. Intriga y cocina. Música y cocina. Muerte y cocina. Ironía y cocina. Experimentos y cocina. Lecturas y cocina. Es más: lecturas de cocina. En las que la comida esté presente, no de paso sino siempre. Como un protagonista más. Como la protagonista.  Aunque no haya recetas. Ni fotos. Ni alardes innecesarios. Aunque no sea un tratado antropológico. Aunque a sus protagonistas les falte el gusto o les sobre. Aunque sus letras sólo deseen provocar una sonrisa, una reflexión, un buen rato. Como el mejor de los platos.

De todo eso anda sobrado  El Chef ha muerto y le debía a Yanet una receta basada en el libro desde hace meses. -¿El año habrá hecho ya?- me asalta ese temor.  Con la calamitosa situación bancaria, me temo que habré de pagar intereses. De momento, comienzo por dónde no suelo hacerlo: por el principio. Sin alcorces, sin saltos. Por el capítulo Uno. El anuncio de la muerte del Chef. Y la mejilla salada que resulta de su anuncio. Escribirlo ahora, que ando algo asqueada de carne y maltrato animal, me cuesta. Por eso mis mejillas también se humedecen. Por eso y por tanta aberración circundante. Aún así, voy a hacerlo por lo mucho que disfruté en su día con la receta y con el libro. Porque lo deseo. Porque quiero empujar fantasmas y disfrutar. Y quiero ser sistemática. Así pues, Capítulo Uno= Primera de mis Recetas: HÚMEDAS MEJILLAS.

FOTO DE CASTAÑAS ENCONTRADAS EN LA RED.
AUTOR DESCONOCIDO, AL QUE DOY LAS GRACIAS.

Ingredientes: Dos carrilleras de ternera. Dos mofletes de esos que desearías acariciar. Redondos. Suntuosos. Tiernos, ideales para pellizcar. Que se funden en la boca, explotando en el paladar. Sabor a vida, a sal. A intensidad. A dolor. A dudas.
Verduras frescas, tiesas, llenas de vitalidad y color: zanahoria, cebolla, ajos tiernos, tomate.
Romero de nuestra terraza recordando que otras primaveras vendrán. Y castañas para no olvidarnos de la estación invernal. De lo oscuro y turbio que habita. De los frutos que parecen duros, pinchantes y ariscos pero ocultan un gran dulzor en su interior, si te tomas la molestia de descascarrillarlos. Sal, pimienta, una chorradita de caldo de carne. Un poco de vino y algo menos de aceite.

Proceso: como hace Ven Cabreira, salir de la rutina. Enfrentarse a la carne con lentitud, sin prisas, dejándo que las sustancias desprendidas de vegetales y carne se fundan en la olla. Hasta que se mezclen, se unan como una sinfonía. Slow. Calma frente a la vorágine del comercio gastronómico, los intereses y las urgencias. Todos apremian. Quieren resolver el misterio. Compañía de seguros, clientes, camaradas, rivales, amantes,… Todos le achuchan y le llevan a abandonar sus lugares, sus hábitos, a hacer cosas que no hubiese hecho antes, a probar cosas a las que no le ve sentido, a viajar,… Pero él lo hace desde su flema y su dolor de pies y alma. Bajo la mirada de Ken y la compañía de sus barbies. Así lo enfrento yo. Sin prisa. Fuego lento. Paciencia. Un poco de harina para sellar la carne, un poco de aceite, algo de caldo de carne para empezar. Calor constante. Extraer la carne. Verter las verduras, el romero y las castañas. Sin llevarlas al límite. No deben desaparecer. Sólo metamorfosearse. Tornarse. Reinventarse con sus aromas tapados para que no se esfumen y todo resulte coherente. Atentas miradas, de cuando en cuando.  Añadir ahora un poco de vino tinto, luego algo más de sal o, tal vez, de pimienta. Rectificar. No dejarse llevar las apariencias.

Resultado:

Y me rodeo de la compañía musical que creo que a Ven y a Chef les gustaría haber escuchado. La música de Dexter.

Porque aunque cine y literatura negra parece que van asociadas con el jazz, con unas manos en blanco y negro sobre unas teclas igualmente bitonales, para mí el jazz arriesgado, la improvisación suprema me arrastra, me supera. Me engulle. Me confunde. Me atormenta. Justo lo contrario que sentí con la lectura del libro.

No, no es ése el espíritu negro que  para mí tiene la obra de Yanet. Tiene más ironía. Más soul y también es algo más de todo lo castizo. La banda sonora de Dexter, pese a ser una serie yanki, la siento como paralela, cercana, coincidente con la elctura del libro. Porque es el arquetipo perfecto del no dejarse llevar por las apariencias, de que hasta el más angelical aspecto esconde tras sus pecas un ser caído, alguien roto, confundido. Capaz de todo el bien y todo el mal. Alguien atormentado. Alguien con un pasado que calla. Con secretos que oculta. Como Ven, como El Chef. Todas las canciones de la serie podrían servirme pero, como quiero acabar con un final feliz, incluyo la canción de Beny Moré: “Encontré la paz”. Creo que ambos la encontraron. ¿O no?. To be continued…

 
 
 
 
 
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10 respuestas a HÚMEDAS MEJILLAS

  1. Yanet Acosta dijo:

    Reblogged this on El Chef ha muerto and commented:
    Una nueva receta inspirada en la novela negra El Chef ha muerto escrita por Lia Cice.
    El investigador privado Ven Cabreira sigue inspirando posts.
    Gracias

  2. lakittywoo dijo:

    Preciosísimo. Da la sensación que me meto en casa ajena sin siquiera llamar a la puerta, pero no he podido remediarlo: tu narración está “que se sale”.

    • Liacice dijo:

      ¡Ay, Kitty! Siempre temo desbordar. Me alegra comprobar “que me salgo” pero sin ahogar.
      Gracias y ¡en esta casa los postigos siempre están abiertos!. ¡Qué maravillosa sensación la de los pueblos de antaño, con las puertas siempre entornadas!. No la conocí. Mi único contacto rural fue en una “ciudad”, pequeña, con sillas de anea a la fresca de la noche y con las calles aún por hacer, pero orgullosa de ser ciudad, así que con recelo se cerraban las puertas con llave. En mi “casa virtual” no quiero eso (¡y menos para ti!). Bss liosos

      • lakittywoo dijo:

        ¿A que te encantaría poder coger uno de esos pueblos abandonados de España y remodelarlo y crear una micro sociedad sin contaminar? Con nuestros propios huertos, con todo artesano, con las puertas de las casas abiertas, los colegios rurales, los “buenos días” a los vecinos, la fruta y verdura de temporada, el color de la luz cuando no hay una nube marrón rondándonos, como las moscas. Las estrellas por la noche. El pan recién hecho. Reunirnos cada noche en casa de quien sea para hablar de cómo autogestionarnos sin dejarnos invadir, con un buen vino dulce de la tierra.
        Ah, sueño.

      • Liacice dijo:

        SÍÍÍÍ!!!! Y, ¿sabes lo mejor?. ¡Existen!. Existen Comunidades así. Que creen en el Decrecimiento como sistema de vida personal y alternativa económica al capitalismo voraz. En realidad y en la red. Busco el enlace y te lo mando. En mi caso, lo duro es dar el paso. Me gusta la vida, social y familiar que me ofrece la urbe. La añoraría. Soy hippie de espíritu pero vendida al asfalto. Sueño futurible al que tampoco renuncio.

  3. cocotelas dijo:

    Te ha salido un plato magnífico. Como siempre. Un abrazo.

  4. rfundora dijo:

    Me encanta Dexter. He visto todos los capitulos. Ahora estoy viendo la 7ma temporada.

    • Liacice dijo:

      ¡Y a mí también me encantaba! Desde el inicio, porque la presenteación no tiene desperdicio, hasta la trama central, pasando por cada detalle de cada capítulo. Y…¡Qué envidia!: ¡¡¡¡Ya por la séptima!!!. Un beso

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