COCINAS SIN LUNA

Estaba escribiendo otra de mis largas entradas (ya parece que el teclado me reclama, ya se despertó el ansia) cuando me ha invadido una imagen desde la red. Una sencilla muestra de pasión lectora. Una imagen que me ha calado hasta las entrañas y ha paralizado mi narración gastronómada. Puede esperar. Este recuerdo poderoso NO.

Luna me llama desde esta pequeña ilustración, desde cada detalle de este dibujo sencillo. Luna era mi perra. Nuestra perra.

Nunca supimos de dónde vino exactamente. ¡Tan blanca como era, tenía un pasado negro, oscuro y cruel!. Apareció buscando refugio y fue a parar a nuestra casa en ciernes. Aún no habíamos construido los cimientos del hogar que queríamos. Apenas los intuíamos.

“Villa Chachara” estaba siempre llena de gente, de prisas, de horas de más trabajadas, de incertidumbres, miedos y lecturas. Muchas visitas, trasnocheos, poco dinero, escasa seguridad laboral y muchas ganas de juerga. No eran los ingredientes ideales para sacar adelante a esa perra famélica, que no sabíamos si iba a sobrevivir.  Pero las buenas intenciones y el mucho amor la trajeron y con eso la receta no podía salir del todo mal.  Ese corazón vibrante, que llegó envuelto como regalo, sin apenas carne en sus costillas, sobrevivió doce años al caos de nuestra juventud y acompañó a nuestros mayores. Se ganó un espacio en nuestras cocinas sucesivas y en la suya cuando pasaba temporadas con ellos.

Y allí, en sus dominios, nunca le faltó un cachito de manjar a pesar de la permanente obligación veterinaria a ceñirnos exclusivamente al cuenco con pienso. ¿Cómo resisitir esa mirada?. Las reservas desaparecían. Lo prohibido se licenciaba. Pese a todos los intentos de  obviarla leyendo. Pese a los propósitos. Luna estaba allí y olvidar su súplica silenciosa, su espera paciente, era imposible.

No puedo poner ninguna de sus fotos porque no las tengo escaneadas y porque, seguramente,  no resisitiría la puñalada de nostalgía en mi pecho. Mejor me meriendo su recuerdo desde esa ilustración.

Hoy no hay receta, sus preferencias eran muchas, demasiadas para escribirlas. Y hoy tampoco hay espacio para la música porque la única que me gustaría escuchar es la de sus escasos ladridos. Mejor leo. Leo y leo.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en SORPRESAS EN MI SOPA y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

10 respuestas a COCINAS SIN LUNA

  1. rfundora dijo:

    Ojalá q algunos humanos quisieran como lo hacen los perros.

  2. Rosa dijo:

    Que bonito recuerdo!!!! Es imposible de olvidar… Gracias

  3. Pequillas dijo:

    No se si me ha pillado el cuerpo floja pero si, bonito recuerdo y de nuevo puñalada nostágica. Y tras un manjar de visiones del corazon sobre mi mente concluyo con el mejor de los postres emocionales. Una sonrisa bañada por una lágrima de todo aquello que significó y todo lo que me hizo sentir.
    No conocí a Luna, pero se lo que es una casa sin el Nene.
    Gracias por este momento Lia, gracias por compartirlo.

  4. lakittywoo dijo:

    ¡Precioso! Recuerdo una vez que una cría me preguntó “¿tienes mascotas?” Y yo, que actualmente vivo con mi gato y mi perra y que siempre he tenido “hermanos peludos” en casa, le dije que no. Porque en absoluto tengo yo mascotas. Si acaso, ellas me tienen a mí. Y tampoco, es que compartimos piso y yo me encargo de la cocina y el baño y ellos de las almas y el bienestar.
    Pero os entiendo perfectamente, también sé lo que es vivir sin un miau y todo es un poquito más difícil desde entonces. Dicen que los amaestramos… quizá les enseñemos a sentarse y a no hacer pis en casa, pero ¿es que ellos no nos enseñan nada a nosotros?
    Un enorme beso de buenos días. Mañana también honramos sus memorias.

    • Liacice dijo:

      Claramente, los honraremos, Kitty. Una velita con forma de pata de jamón (que no a Luna ni a Bogart ni Pitu, los anteriores canes en casa de mi familia, los huesos sin carne les interesaban, ni poco, ni mucho, ni nada) en su memoria porque nos han enseñado muchas, muchas cosas, cada salida a la calle con ellos o a la naturaleza era una lección sobre lo importante, un aprendizaje contínuo y en casa…¡otro tanto!. Los valores que marcan el camino, las reglas del juego social, la comunicación sin palabras, el sentido de la medida y del amor,… ¡tantas refelxiones gracias a su contacto!. He tenido a mi lado también tortugas, peces y pájaros. Con la convivencia con ellos también he obtenido mucho, he aprendido sobre mí y sobre ellos pero nunca tanto como con mis sucesivos perros.
      Nunca he convivido con un alma gatuna. De eso carezco de datos personales pero sé que la sensación de plenitud con ellos al lado también es grande y que su ausencia, Pequillas, se hace dura. Me alegro que te hiciese sentir la lectura aunque hayan brotado lágrimas y las gracias son para ti, para vosotras, por leer, escribir y estar ahí, tan al ladico.

  5. agniezka dijo:

    Evitarás la música de sus ladridos, la receta de lo que prefería comer o mirar la foto en la que mas lindo sonrió, pero su recuerdo te apuñala la memoria y eso no lo sabrás evitar… Sin importar cuanto te adentres en un libro con tal de entretener tu mente.

    • Liacice dijo:

      ¡Tienes razón!. Igualmente te sacuden los recuerdos pero con una buena lectura o un buen achuchón de alguien…¡se hace todo más llevadero!. Ése y otros duelos, ¿no?. Como dice el refrán: “las penas, con pan, son más livianas”. Los recuerdos, con buena compañía, se aligeran, pesan y duelen un poco menos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s