BUEN EMPEÑO: ¡PODEMOS COMER MEJOR!

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Leía el otro día en el blog de Lorentzero, sobre su colaboración en la fantástica idea, en el buen empeño, de Jamie Oliver:   su Food Revolution, con DÍA PROPIO, hoy, 19 de mayo. Me encanta Loren, me apasiona la idea de Jamie Oliver y  su cruzada contra todo lo fats, lo insano, lo hiperazucarado, la obesidad,… sin renunciar al sabor. Una gran idea la de Lorentzero al colaborar en ese empeño. Fuese o no fuese suya, sus propuestas cuasi vegetarinas “pintan” estupendas.

¡Dichosos los que campen por los madriles y  puedan acercarse a probarlas!.

Para mí, en cambio, debería ser un día cualquiera porque TODOS los días debería comer así de sano. Obviamente, no lo logro. Hoy, 19 de mayo (mes por excelencia de las flores y los  cumpleaños a mi alrededor) puede ser el día en que, por fin, haga mío el empeño de comer con sentido común. De pensar más  en la salud que en el paladar, de  valorar cómo equlibrar la ingesta con el gasto. Jamie lleva años en ello. Aquí, dejo el enlace a su conferencia en TED: jamie_oliver.html

En teoría, yo también soy un soldado de esta lucha. Pero siempre es una comedia. Una comedieta. Porque yo como si fuese sorda. Debe ser porque mi inglés es escaso. ¡Ja, ja!. No, no es por eso. Es porque al final, siempre me rindo. Voy aprendiendo (parto de la buena base de que nunca he venerado ni frecuentado los burger, los hotdogs,… incluso prefiero un buen estofado a un pizza) pero no puedo renunciar a picar a deshoras, odio tener  que comer siguiendo un dictado, una moda o tener que leer un papel lleno de restricciones,… ¡ME CUESTA UN TRIUNFO!. Llevo todo el invierno en el intento pero… en intento se queda. ¡Ni un kilo de menos llevo y, me temo, en cambio que alguno de más!.

Eso sí, ¡sana como una manzana sí que estoy!. Que comer, comemos bien, incluso cuando nos saltamos  la No-dieta. — Como muestra lo de ayer, con el encuentro Gastrónomo del Ebro y la RUTA DE BOCATAS DE TERNASCO. Caminamos un poco (los tres establecimientos estaban cerca, no hizo falta servirnos de nuestra truncada ruta de autobuses), la bebida y comida fue bienvenida y se presentó en su justa medida: fuimos de tercios (tres terceras partes de bocata, con su caña/ vino correspondiente, sin repetir ni musitar cual Obélix pidiendo más). Gracias a eso, valoramos tres opciones bien distintas, pero todas bastantes equilibradas, mezclando la carne sabrosa con fruta (plátano), con verduras (pimiento) con salsas (romesco), con sorpresas (empanado de galletas María). Votaciones aparte, fue una buena excusa para encontrarnos–. Ése es el problema. Uno de ellos.

El problema no es el qué comer, sino el puñetero ejercicio. Cada vez me cuesta más vencer la pereza y acudir a nadar. Cada día, mis opciones de ocio tienen más que ver con estar sentada delante del ordenador, o con un libro o navegando en el móvil,… que con echarme a la calle a pasear perro alguno o mi propio cuerpo. Ahora, me curo la fiebre del sábado noche escuchando música en vez de bailándola, sudándola. Cuando nos juntamos con los amigos y familia ya no es para excursionear, pasear, salir al campo, acudir al parque. No lo hacemos sin que por el medio no haya comida de verdad (almuerzos, cenas, meriendas, gastroquedadas en restaurantes o casas) sin buscar la forma de viajar y visitar fábricas queseras, de embutidos, etc o, sin lanzarnos a devorar “pasarratos” en forma de tapeos, vermúts extremos que duran horas y empalmamos (antes, lo hacíamos con la madrugada; ahora, se trata de empalmar el mediodía con la cena y, por en medio, comida y más comida con bebercios variopintos)  o en su versión más paupérrima: manís, pipas y maizadas sentadas en el velador de la terraza de turno.  Lo de la bicicleta es un futurible, la tengo ahí (gracias al préstamo de una buena amiga), bien plegadita, con la rueda más desinflada que mi ánimo y sin frenos para pegarme el gran tozolón y tener la excusa de no volver a hacerlo. En el trabajo, me paso horas sentada, lejos quedan (para bien o para mal) los esfuerzos físicos de los trabajos  apalizantes. Tal vez, también con la edad, sea verdad que el metabolismo se ralentiza, los nerviosos ya no “se te comen”, se necesita dormir un poco más,…

En fin, que es sábado de REMORDIMIENTOS y… ¡me pega que no veas! la reconciencia social de Jamie y sus secuaces en España como Lorentzero y sus amigos. Aunque eso no quita para que hoy tenga comida familiar. ME LEVANTO Y CONFIESO: “Soy Lia Cice, Obesa reconocida”. Oigo los aplausos de fondo pero el círculo se dispone a juzgarme. Me despellejarán. ¿Me devorarán?. ¡Me dan ganas de decir: Ójala!.

Para remediarlo, dejo mi propuesta sana sin ser aburrida:

De entrante: un vasito de cremas multicolor para celebrar la primavera. Zanahoria, remolacha y aguacate. Vale, muy de dieta no son, pero saludables sí, que no están mezcladas con nata alguna sino con queso fresco ligth batido, sal, pimietna, un poco de aceite. Sólo por la presencia, ya invita a elevarte, a continuar disfrutando del plato principal:

– Un puñadito de pasta con hierbas y unas pocas rodajas de aceitunas verdes, sin más aderezos ni cuidados que mimar el tiempo de cocción y salpimentar, con ello hacer una cama donde descanses los ramitos de verde glorioso del Brocolí, con tomatitos y zanahorias hervidas en la Lekué. (El exceso cometido ha sido añadirle una pizca de queso gorgonzola, pero puede suprimirse). Y, al ladito, una ración de conejo guisado con champiñones. Carne más saludable, imposible. Cuidando con sustituir el aceite al guisar por un poco de caldo de verduras, el resultado es espectacular, sano, te llena, disfrutas y con el espíritu alegre por el deber cumplido y el cuerpo ligero, la verdad es que te te mueves y haces más. Vives más.

Eso sí, al vino, no renunciamos, aún no somos capaces de ello.

¡QUÉ APROVECHE!

Y, para bailar, alegremente:

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17 respuestas a BUEN EMPEÑO: ¡PODEMOS COMER MEJOR!

  1. lorentzero dijo:

    Ay, qué halagado me siento. La vida del comilón es dura, pero es lo que nos gusta y lo que nos hace disfrutar, así que nada de dejarla. Lo nuestro es una revolución constante aunque nadie nos haga caso, seguiremos comiendo, guisando, quemando cacerolas, disfrutando, engordando y porqué no? Siendo felices. Besos y muchas gracias.

  2. Hola, qué tal?
    Tengo que decirte que me lo he pasado genial leyendo tu entrada. Creo que es porque me siento totalemente identificada. cada renglón que leía más me hacía pensar que me conocias y hablabas de mi. El término “sábado de remordimientos” te lo copio, si no te importa aunque yo debo decir “Lunes de remordimento” porque durante la semana consigo hacer algo en condiciones pero los findes consigo engordar hasta un kg o más. !Un desastre!. Pero bueno, lo importante es caer y levantarse, verdad? jejeje.

    Mil gracias.

  3. uxueetxebeste dijo:

    Desde que Jamie se hizo la ruta por Estados Unidos y el intento -fallido- de que la gente cocinara en casa en Inglaterra, se ha puesto cebón perdido. Digo yo que a lo mejor se debería aplicar el cuento un poco. Conseguirá que suban el precio del fast food, pero no por ello bajará el de las borrajas o las merluzas de pincho. Además, está comprobado que la calidad de la alimentación es inversamente proporcional al poder adquisitivo. Paradójicamente, el índice de obesidad es mayor en los estratos sociales con menos recursos económicos. Dicho lo cual, me voy a hacer la comida; disfruto tanto guisando como poniéndome morada. Iepa!

    • Liacice dijo:

      ¡Qué razón tienes!. Precisamente delgadito ya no está. ¿Cosa de la edad?. Y, cierto es que no está teniendo demasiado éxito, pero me gusta pensar que lo tendrá a pesar de que la crisis no va a ser lo mejor para solucionar la epidemia de la morbidez. Más bien reactive y agrave el problema de la obesidad porque -como bien dices- economía y buena /equilbrada alimentación están a la greña. No en balde, es una parte de la salud y a menores ingresos, menores recursos para el autocuidado, más nerviosismo, más deseperación y refugio en la inmediatez de lo dulce, de lo graso, por una parte. Por otra, más improvisación, menos acceso a formas de cocinar saludables, más “aquí te pillo- aquí te mato”. No me imagino a alguien que tiene que conformarse con compartir una cama-caliente, en un piso-patera, aliñando unas verduras cocinadas al vapor, en ocasiones, les es difícil (aunque nos cueste creerlo) hasta abrir un bote de legumbre. Si yo que aún puedo y conozco las premisas nutricionales, sé -más o menos- cómo funciona un organismo y lo que le conviene, a veces, necesito darme satisfacciones, hundirme en salsas y pasiones… El problema no es sólo el precio. Un kilo de zanahorias o de tomates siguen siendo más baratos, proporcionalmente, que una hamburguesa en el Mc de turno. Al precio, hay que sumarle, mil condicionantes emocionales, y educativos más. Nuestras abuelas, sabían alargar en un buen puchero, una zanca y un repollo. Siglos de hambre, habían sido trasmitidos y sabían como convertir tres huevos en un banquete para diez (“Huevos tontos” los llamaba mi abuela). tenían, además que caminar kilometros para trabajar (ni para el tranvía tenía mi bisabuelo) y parar era un pecado (si Dios sólo descansó al séptimo día, ¿cómo iba un pobre mortal pecador a permitirse ser un holgazán!)). La carne (de pollo) era el festín navideño por excelencia (y ¡cuando se podía, que no siempre sucedía). Ahora es más barato adquirir cualquier preparado subcárnicos de dudosa calidad pero proteína y grasa saciante, al fin y al cabo. Eso se ha perdido. Ya no se trasmite esa sabiduría. No hay trabajo hacia el que caminar. No está mal visto estar quieto. Los pobres no pueden permitirse un ingreso en Incosol para hacer ayuno supervisado que elimine sus grasas superfúas, ni seguir la dieta de moda. En fin, problema múltiple. Solución, compleja.

  4. rfundora dijo:

    Creo q me mudo para alla a disfrutar de la buena comida.

  5. MartaLi dijo:

    Yo también me he sentido identificada con casi todo! La única diferencia es que me gusta y necesito hacer deporte. Pero los excesos los disfruto cada día de la semana. Sí que me hago propósitos pero a la hora de cenar se me olivdan todos. De esto no me siento orgullosa pero una cosa es verdad: los que disfrutamos comiendo, descubriendo, cocinando, experimentando, comparando… tenemos un plus de felicidad no comparable con el que renunicia a todo pero está feliz sobre una báscula. A mí me gustaría compartir las dos felicidades, la verdad, pero eso es imposible; Glotonería y peso a raya difícilmente hacen pareja. Y a lo que nunca renunciaría es a las escapadas gastronómicas con mi chico; a los intercambios de experiencias y recuerdos con Lorentzero; a las reuniones con mi familia alrededor de una buena mesa; o a las comidas con mis amigas, que me regalan todas sus patatas fritas, el pan y los postres.

    • Liacice dijo:

      RENUNCIAR!!!!! Esa es la sensación clave,la que arruina nuestros buenos propósitos y los convierte en intentos. Si fuésemos capaces de no sentir el grillete de la renuncia, ganaríamos la batalla y luciriamos el palmit de una escurrida modelo. Durante años he soportado la pena de alguna amiga que decía al verme renunciar a una caña, al estar a dieta:”yo,nunca,nunca,podría hacer régimen!”. Ella,que nunca ha pesado más de cincuenta y algo (pocos) kilos y que en realidad,vive a dieta permanente, lo que ocurre es que logra no sentirse. RENUNCIANDO, mantiene a raya su deseo por todo lo que engorda y si Sr pasa, levemente, con algo: se mata en el gimnasio dos horas más para compensar, y está el resto de la semana comiendo en plato de postre, sólo borrajas o comida de pájaro. Pero…no, no está a dieta, me mira y da otro sorbo a su gintonic… Gracias por pasarte por aquí y ¡Sigue disfrutando!

  6. dotdos dijo:

    Es un placer encontrar un blog como este con contenidos tan interesantes y tan bien escritos. Sigo en twitter a Oliver y creo que está haciendo muy buen trabajo en la promoción de una dieta saludable.
    Gracias por visitarme y te sigo a partir de ahora.
    Un saludo, José Manuel

    • Liacice dijo:

      Muchas gracias. Tu blog es todo un descubrimiento, por el contenido, por supuesto, por tu forma de narrar y de crearlo pero, además, porque me toca la parte emocional: nací en Mallorca y, aunque no crecí allí (con lo cual no domino la lengua ni la cultura), me he vinculado varias veces con las Illes Balears, de una u otra forma. Siento el apego al Mediterráneo y me encantaría disfrutarlo más aún desde las costas baelares. Así que sólo con ver tus fotos ya me he emocionado. Gracias.

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