DESEANDO AMAR CON SABOR ORIENTAL

Film & Food regresaron después de un largoooo y  merecido descanso,  y nos propusieron un reto para el mes de Febrero basado en la película In the mood for love (en España, Deseando amar).

La habíamos visto hace mucho tiempo, en una tarde de sofá a dúo, perfecta para degustar la trama oriental de amores prohibidos. No es una película para verla en grupo -es demasiado íntima y cadenciosa-. Pero, pese al tiempo, no nos habíamos olvidado de ella. Ver a la preciosa y delicada Maggie Cheung lucir su elegante palmito de forma tan felina, marca. -¡Quiero ser como ella!- recuerdo que comenté y aún lo afirmo-.  Sólo por ella ya merece la pena verla. Enamora.

Pero, además, hay otros alicientes: mucho deseo contenido, expresado de forma calma, con planos cuidados, con detalles preciosistas de la vida cotidiana del Hong Kong de los años sesenta, una música arrullante y unos vestidos preciosos, con unos estampados  increíblemente bellos que luce la protagonista (oficinista que siempre está perfecta, hasta en sus momentos de tristeza y dolor) y, por supuesto, también aparece mucha, mucha comida.

Comida como símbolo, comida consumida a solas, en un ambiente desolado, cuencos de comida traída a la solitaria habitación, comida que -aún sin probarla- sabemos que sabrá agridulce porque amargo es el momento y dulce la emoción que sienten mutuamente. Y un ritmo lento, como lentamente comen y el tiempo que pasa y su historia se dilata…

Y así, me propongo responder al reto, demorando la elección, vistiéndome para la ocasión y cocinando una receta con sabor oriental a fuego lento. Reservando suficientes pausas para abrazar, con ánimo de amar y demostrarlo, degustando el momento con calma. Tal vez, volveindo a oír a David Sylvian y sus colores prohibidos (que aunque no forma parte de la Banda Sonora de la película, sí es una pieza fundamental en la base sonora de nuestra pareja) incoporando algún ingrediente oriental de esta temporada invernal, un plato que nos recuerde algún momento especial o que nos recuerde a alguna persona. El último homenaje al amor en este mes  pasional que termina. ¡Casi nada!.

Como siempre en estos casos, lo difícil es decidir entre las muchas posibilidades. La comida oriental está ya tan presente en nuestras vidas (y desde hace tanto: ¡creo que la primera vez que fui a un restaurante chino tendría unos quince años!) en las ciudades españolas y nos atrae tantísimo que es complicado saber que es lo que más vinculado está con nuestra relación. Últimamente, me ha dado por el sushi, pero lo descarté porque nuestra pasión frente a los makis, … es desigual. No nos identifica, no es algo común. Y lo único que tuve claro al aceptar el reto es que tenía que ser un manjar del que disfrutásemos a dúo, que hablase de nustra historia, algo compartido. Hubo que buscar un poco más. ¿Sopa de miso o sopa  agridulce o  sopa de aleta de tiburón u otro sopa?.  Fue tentador, sobretodo la agridulce porque refleja muy bien la película pero… no resonaba en mis entrañas. No.

¿Rollito chino o sus primos pequeños vietnamitas?. Nos implicaba más. Recuerdo bocados compartidos mordisqueando un rollito, -imitando a los espaguetis de la Dama y el Vagabundo-, recuerdo risas, recuerdo esperas del encargo a nuestro Telechino preferido, recuerdo prisas por acabarla cena para comenzar otro festín diferente. Podría ser pero… ¡también recuerdo la grasa que queda  en las manos -es como más me gusta degustarlos dada mi inoperancia con los palillos-, la aceitosidad de los fritos y su pesadez en el estómago después… ¡se supone que estamos a dieta!. Descartados. Pero, de ahí a la col, sólo hubo un paso y ésa fue la decisión final.

Col habíamos comido siempre en casa. ¡Y a col huele nuestra ciudad muchos amaneceres! -no porque, desde la madrugada, ya haya cocinas a pleno rendimiento sino por la industria papelera de los alrededores y que el Cierzo expande, emite un olor similar-. De hecho es una de las verduras más emblemáticas de nuestra cocina española: cocidos, potajes, hervisos simples con patatas,… desde la época de los romanos que la introdujeron en nuestras tierras y la consumían con deleite y fe ciega porque creían en ella como remedio para males diversos, para la ebriedad, etc. hasta que un Emperador la prohibió por los desmanes de las flatulencias. ¡Curiosidades de Caesaraugusta!. Pero descubrirla usadas en ensaladas, cortada en juliana, en la sopa, refrita, envuelta y mezclada con carne, ¡eso sí que fue todo un descubrimiento que le debemos a la cocina oriental!.  Nos gusta. Es una verdura presente en casa durante todo el invierno -así que también cumple con el objetivo de adecuarse a la temporada-.  Perfecto. Cualquier variedad de col, ocupa nuestro verdulero tras pasar por el Mercado: Romanescu, Brecol, Coliflor, Col de hoja, Repollo, Coles de Bruselas, … así que ¡sin dudarlo hacemos y escribimos una receta con col, aunque no con col china, sino española, de hojas redonditas, prietas, que se mantienen juntas, firmes y resistentes al paso del tiempo. ¡Cómo nuestro amor, como nuestras figuras -las chinas son más estilizadas, más como la protagonista de la película, pero no somos así!.                          Así que duda resuelta. ¡Nos encantó la idea!.  Col redonda con salsa de azafrán. – Con azafrán sí, porque pese a ser algo oneroso para estas cuestas irremontables de febrero es un condimento que pocas veces he usado fuera de aderezar paellas, arroces, carnes y mariscos. Con verduras aún no me había atrevido y el reto es una estupenda excusa, ¿no?. Así que seleccionamos la pieza:

La troceamos, y cocemos junto con una pequeña patata y un chorrito de leche (para mermar el olor) pero…¡sólo lo justo!, porque pretendemos que queden tiernas, crujientes al morder.

Reservamos parte del caldo de la cocción (¡habrá que hacer caso a los clásicos romanos y las virtudes que le atribuían!), al que añadiremos igual proporción de caldo de gallina guardado de otro guiso (¡en esto conviene hacer caso a las “yayas”, que no tiran nada!. Las de aquí y las orientales: tampoco, seguro) elaborado con un muslo de dicho animal y una calabaza, cebolla, zanahorias y calabacín.

Calentamos ambos líquidos en un cazo y para añadirle, después, un bote pequeño de nata para cocina y sal, al gusto (a mí me gusta ser rácana con ambos ingredientes pero reconozco que me suelen quedar más bien insípidos!). Dejamos cerca las hebras de azafrán para que con el calor adquieran humedad y suelten el aroma y se abran al sabor. Y las añadiremos ya, sin más esperas, porque dorarán la crema (cual manto budista -hare, hare-) y le aportarán el peculiar sabor que buscamos. Dejaremos reducir.

Añadiremos después, un poco de harina para espesar, removiendo para evitar los grumos -obvio-, mezclada previamente en un poco del caldo caliente. Rectificaremos la sal, aportando pimienta negra y un poco de perejil. ¡Ya huele tan diferente del olor a col habitual!. Sólo por eso ya merece la pena el plato, sólo por comprobar la magia pura del azafrán disfrazando la fetidez propia de las Crucíferas.

Emplataremos poniendo una base de la verdura y, sobre ella, naparemos y decoraremos con unas hebras más de oro rojo del terruño (no es por despreciar al de tierras exóticas pero prefiero seguir el lema Slow: “kilometro cero”. ¡Y… -¿por qué no decirlo?- porque realmente el oriental ¡es de peor calidad! y aunque ésta sea una entrada dedicada a su gastronomía: lo que es del César, es del César!).

Una forma de consumir la col muy rica, diferente. No sé si ortodoxa en cuanto a lo oriental (no está extraída de ningún recetario asiático) ni sé si ha acabado siendo acorde con la película pero sí sé que nos encantó, -tanto que repetiremos- y que fue una gozada innovar, atreverse a cambiar (¡cómo en la película: vencer las reglas!). ¡VUELVE LA MAÑO-ORIENTE FUSIÓN CON PASIÓN!.

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4 respuestas a DESEANDO AMAR CON SABOR ORIENTAL

  1. Preciosa entrada, tan bien escrita que da lástima que se acabe.

    Me has hecho pasar un momento de disfrute total.

    Y de la receta…¿qué decir? A la altura de las circunstancias. Pura delicadeza !!!

  2. cocotelas dijo:

    !Que goloso¡ Me gusta por todo. Un abrazo

  3. cocotelas dijo:

    ¡Qué goloso! Me gusta por todo. Un abrazo.
    Podíamos vernos todos algún día, ¿no?

  4. José Luis dijo:

    ¿Te animarás a venir a la tercera blogquedada? Si puedes, ya me enviarás tu email para mandarte más información. Saludos cordiales. JL Pueyo

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