REINA DE LA REDONDEZ

Redonda. Redonda me he quedado tras tanta festividad. Y redonda como estoy, lógicamente, no puedo sino rodar. Dejo pasar el tiempo rueda que rueda. Como ratón en su noria. Como Reina de Redonda. Feliz como esas pelotas de nieve que van conformándose de a poquito, ajenas al mal que pueden llegar a provocar. Bajando por la pendiente. Sin freno. Libres. Rueda que rueda. -¡Otra vuelta más, por favor!- crujen en sus volteos.

Así, con –sólo este último mordisco más, sólo esta última caída en la tentación– se han ido volviendo más romos -¡más “hechos”, como dirían por Cádiz, aspirando la “hache”- mis michelines y, a la par, se han ido embruteciendo mis exangües ideas, incapaces de fluir entre tanta grasaza y la modorra provocado de tanto girar. Y, así, rontondean: sin más ni más, dentro de mi angosto encéfalo.
En ello estaba, recreando esas imágenes, mientras intentaba -inutilmente- abarcar mi cuerpo desparramado para embutirlo dentro de un chollo en las rebajas -incapaz de lograrlo tras tanta desmesura- cuando (por no desmoronarme) recordé la entrada que tanto me había reconfortado de “El Chef ha muerto “. Trataba sobre “El banquete” de Platón.
Porque leyéndolo, no sólo recuperé uno de los fragmentos más bellos y que más recuerdos sentimentales me trae, sino que me reconforté . No en vano comienza exponiendo que: “La forma de cada persona era redonda, con la espalda y los costados en forma de círculo”. -¡Ja, quién no se consuela es porque no quiere, ¿o no?-.

Para reafirmarme aún más, salí del probador tarareando una canción -que he sido incapaz de encontrar en la red – pero…¡juro que existió!- de un grupo que se llamaba “Las Sectas” – o algo así- y en una de sus letras que se me quedó grabada, dada la redondez de mi alma, proclamaban que habían buscado el calor en varios lugares (¿sectas?, supongo) sin lograrlo, porque el sabor sólo estaba en las cosas redondas.
-“He buscado el calor en las cosas redondas, he encontrado el calor en las cosas redondas”- recuerdo vivamente que decía y me animo a cantarla, de nuevo, de regreso a casa. Sin el producto al 70% rebajado, pero con la bombilla iluminada: llevo años coleccionando fotos de cosas redondas y ¡hasta ahora, con esa concatenación de pequeñas desgracias y, gracias, a releer esa entrada no recordé el motivo!: hay que buscar el calor en las cosas redondas. Porque Somos UNO. EN PERFECTA REDONDEZ. En armonía redonda. Queriéndonos a nosotros mismos como seres redondos, pero ufanos, que ruedan y ruedan, provocando calor.

Decidido: de esta manera, voy a comenzar el año, dignificando el calor, el sabor y el color de las cosas redondas. Recuperando mis fotos sobre todo lo redondo que nos acompaña: la Luna, los planetas, las bocas redondas, las tetas no cercenadas, los glúteos bien puestos, los cerros erosionados, las burbujas del cavá, los moños de la princesa Leia y de mi bisabuela Antonia, los cantos redondos, las corolas de las plantas, las sandías, las mangranas, los melocotones, las cebollas y ¡tantos otros frutos!, la calva de mi cuñado, los globos, el pan de hogaza, la taza de un buen café, el pomo de la puerta que tengo que abrir, nuestros óvulos, el vientre de mi hermana a punto de parir, la cara de mi niño nada más nacer, las camas redondas,…

Porque en lo redondo está lo real, lo natural. Lo recto es un invento humano -salvo el horizonte: magnífica recta que invita a soñar y a viajar-. Pocas rectitudes más existen de forma natural. Encontramos óvalos, hélices, laberintos quiméricos, números mágicos en lo que nos configura: cada molécula, cada átomo, cada subpartícula, es redonda. Cada una de nuestras células gira, se une, rueda formando espirales de ácidos germinales. El ser humano inspirándonos en ello hemos fabricado mucho de lo eu nos ha hecho progresar y, parte de lo más bello, siguiendo la circularidad natural: sartenes, ollas, ruedas,monedas, morteros, poleas, tornos, hélices, chozas, arcos y bóvedas, la cuchara y el cucharón -como reza la canción infantil-, las alcantarillas que se tragan lo nefasto, los hornos, las mirillas, las pelotas que tanto furor arrastran, la “redonda” como la nota más duradera, la Isla de Redonda y ¡hasta la editorial!, los gorros y las capas protectoras, el cero, mi hula-hop, los quesos más sabrosos y las albóndigas y tartas de nuestras mamás. Como cada cara conlleva una cruz, también gran parte de lo malvado -bombas y granadas, los Donuts y las hamburguesas- responden a la geometría redonda.

ESFÉRICA PERFECCIÓN, hasta la música de las esferas parece existir y yo ruedo y ruedo, agarrando fuerte mi pote redondo para guisar una perfecta paella redonda o un redondo de ternera, mientras piensa que yo sí que soy, sin discusión alguna: LA REINA DE LA REDONDEZ.

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12 respuestas a REINA DE LA REDONDEZ

  1. Yanet Acosta dijo:

    ¡Qué grande la asociación de ideas!

  2. Magistrales las enumeraciones. Me permito añadir el Panteón de Roma (mi edificio preferido en este esférico planeta), las natas de Belem (mi dulce inconfesable) y la Bola de Cristal (mi añoranza persistente).
    Un besazo

    • Liacice dijo:

      Me las apunto, David. ¡Cómo se me pueden haber olvidado!. Pero todo no cabe, que si no: abrumo (tengo esa tendencia, ya sabes). mejor que vayamso descubriendo redondeces juntos. Se acepatan fotos, ideas, … Gracias mil por subirlo al caralibro. Sigo sin el ordenador (por poco, que ya me llega este viernes) y no estoy al tanto. Da gusto contar contigo. Besotes y, pronto, ¿una quedada?

  3. ¡¡¡Genial!!!! Por cierto… el horizonte también es curvo… aunque no a primera vista, cuestión de perspectiva – desde lo alto de una montaña, o con la vista suficientemente despejada… hasta afirman rotundamente los físicos que el universo es curvo!

  4. No sé si Marías te dejará ser la reina de Redonda, tendrás que batallar con él. Llegué desde el Banquete, y me ha gustado.

    Manuel Bustabad

    • Liacice dijo:

      Ja, ja. Ya lo he tenido en cuenta, ya. ¡Menudo litigio tienen armado con la dichosa corona de Redonda. Lo que no saben es que es una parte es mía, je, je. Muchas gracias por aportar tus palabras y quedarte a rotondear conmigo. Yo me pasaré ahorita mismo por tu vagón.

    • Liacice dijo:

      Lo tuve en cuenta porque se las gastan duras los contrincantes. ¡Menudo lío tienen con las rencillas por el trono de Redonda!. ¡¡¡¡¡Ilusos!!!!. No saben qeu es mío. Je, je. Gracias por tus palabras. Me pasaré por tu vagón

  5. José Luis dijo:

    A la ciudad entera le haría falta un baño de redondez. Desde las aristas de los bordillos del tranvía hasta los delineados perfiles de las fachadas de los edificios, pasando por los angulados billetes de 10 y 20 euros, si fúeramos capaces de atacar tanta arista, a lo mejor también nuestros pensamientos y muchos de nuestros actos se beneficiarían del acogedor y cálido abrazo de lo curvo. Un saludo. Espero tu asistencia a la segunda blogquedada y, si puedes, dar campanadas para que podamos juntarnos al menos una veintena de los de nuestra especie. José Luis. El Periplo Aragonés.

  6. cocotelas dijo:

    Te ha salido redondo.¡ Me encanta! Un abrazo.

  7. amenal dijo:

    Hola, hola: ¿Qué tal si creamos el “Club de las redondas-os?. Con el paso
    del tiempo, he sentido el orgullo de mis redondeces y de mi nombre, Antonia,
    como tu bisabuela.
    ¡Cuanto me gustaba la Bola de Cristal!, ¡que vuelva!, y así las nuevas
    generaciones crecerán redondas.
    Un abrazo redondo y muchos besos redondos.
    Antonia

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