ESTE CUERPO PARA ESOS BOLLOS (O VICEVERSA)

Ya estamos en enero. De vuelta al trabajo y, sin poder quejarme, no vaya a ser que se me lancen a la yugular los de la fila del INAEM por insensible- ¡y no les faltaría razón!-.

En enero, con sus días de buenos própositos -sobretodo de buena mañana, tras subirse a la báscula y escandalizarme pero que, a eso de las doce, se acaban y emprendemos el almuerzo.                                                                                                                                              En enero, con la escucha de las narraciones sobre lo requetechupi que nos lo pasamos despidiendo al Año Viejo. Y las fanfarronadas sobre el buen pie con el que entramos en el Nuevo, este recién estrenado 2012 que -a pesar de su puro olor a limpio- ya anda amenazante, rezumando fetidez, gracias a los pésimos augurios de los sesudos economistas.                                                                                                                                          En enero, con sus muchos foros donde bravuconear sobre lo bien que se nos cocieron las patas de araña y lo estupendas que quedaron las tapas. En enero, con sus días encogidos – este año, algo menos, que el Cambio Climático se está haciendo sentir-, atesorando imágenes de nosotros mismos entre los efluvios de cavas y turrones.

Y la red es fiel reflejo. Por eso, tal vez, no encontramos la inspiración para seguir escribiendo. Al menos yo -aunque me consta que no soy la única-. Nada de lo que pienso me sirve para retomar el pulso bloguero. Ando desubicada. Tanto que todo lo que veo son muestras de lo anterior: o bien aún se anda de merecido descanso sin actualizar con nuevos retos -o como he perdido la brújula no sé encontrarlos, ¡qué bien puede ser!- o bien se anda rosconeando. Pero no está mi cuerpo para esos bollos. No me apetece más dulce del siguiente festín. Estoy empalagada y llena de remordimientos.

– ¡NO ME PRESTA! – como dirían por el Paraíso.

Juro que me gustan pero… ¡si vuelvo a ver una receta de roscón, me corto las venas, las pongo a remojo en azúcar avainillado y que de esa escabechina resulten las más dulces tortetas!.

No para ese bollo ando aunque ¡quiero!. Deseo andar para ése y para otros muchos más: festejar lo festejable, cocinar, pasear grabando sonidos o simplemente escuchándolos. Volver a montar en bici, nadar, ir a exposiciones. Salir. Oír música. Ver bellas ilustraciones. Reírme con los chistes. Soñar con los cuentos contados o filmados en series y películas. Jurar contra las últimas brillantes ideas de los gobernantes. Compartir. Vivir. Y quiero escribir sobre ello. Pero no me sale. En lugar de eso: mediodía de crema de calabacín y lenguado a la plancha; introspección; tarde íntima, casera, desidiosa. Lectora.  Y…¡ni una línea!.

-¿Será que comencé el año encontrando una prohibición que pone puertas al campo?- ¡Será!.

 

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3 respuestas a ESTE CUERPO PARA ESOS BOLLOS (O VICEVERSA)

  1. david dijo:

    Ya pasará Cecilia, y si no al tiempo. Ese espíritu no se puede encarcelar. Ni a base de insulsas cremas. Un beso enooooorme

  2. cocotelas dijo:

    Dentro de nada te veo imparable. De hecho te veo imparable en último párrafo. Con esas ganas no hay nada que se resista. ¡Ánimo!

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