UN RINCÓN PARA COMÉRSELO

La revista digital CON MUCHA GULA propone un concurso, ¡¡otro más!!- ¿septiembre también es el mes del azar?-. Con él se puede ganar un libro relacionado con nuestro tema principal, la gastronomía: Un país para comérselo. Y sólo, a cambio de pensar y responder a una sencilla cuestión : ¿qué lugar de España te comerías y por qué?

Normalmente no juego a nada. Me niego a sucumbir ante la avalancha de participaciones navideñas que, inevitablemente, vendrá (como todos los años). me da igual que el motivo sea benéfico o folclórico, que el pretexto sea el apoyar al AMPA de tal centro educativo,  al equipo del Club Deportivo X, Y o Z, a la Peña o los festejos municipales de Villatripas de Arriba o de Abajo, etcétera. Ante ese requerimiento, me niego y siempre contesto:

– No gracias. Me lo prohibe mi religión- contesto y, como subsiste un fulminante respeto a la fe ajena, nadie insiste. Nadie, nadie no es del todo cierto. De hecho, a veces, ante la insistencia, caigo y, por desgracia, cada invierno veo como se incrementa el número de boletos por revisar tras el sorteo. – ¿Será también cosa de la edad?-. ¡Qué miedo me doy!. ¡Acabaré hasta  comprando un número para el 11/11/2011!.

Evidentemente, no es esa la razón. Sino otra: bastante se juega ya en mi familia. Heredamos una pesada carga lotera: tres generaciones unidas – vamos a por la cuarta- encadenadas más bien, a un mismo número del Sorteo Nacional. Cada sábado, año tras año, sin faltar ni uno – porque ése, el del olvido, será el que le dé al bombo por escupirlo- sin recuperar apenas nada . Así, desde que mi bisabuela Antonia, (a la que tuve la suerte de conocer bastantes años) se apiadó de Joaquinito -un liasiado por la polio que tocaba puerta a puerta despertando conciencias- y no dejó de agasajarnos con su presencia sabatina clavándonos esa cruz hasta que aparecieron las Administraciones.

-¿No es ración más que suficiente de ludopatía?. ¡Ya me tocará perder cuando alguien tenga que asumir esa carga del azar!.

Lo que ocurre es que ahora, mi apertura cibernética, me hace consciente de más asuntos venturosos que antes. La mayoría de ellos relacionados no con lo crematístico sino con regalos y promociones gastronómicas. ¡QUÉ TENTACIÓN!. ¿Cómo resistirnse a participar en la mejor foto de la cena tal, a la receta más regional, a la más original,  a la que incluye tal ingrediente, a la que emula el capítulo de tal libro; al comentario más mordaz y/o ingenioso sobre tal o cuál evento gastrosocial, …  cuando en juego está recibir un lote de productos, un libro, una cena, un encuentro.

La densidad de mi voluntad sabido es que es MÍNIMA, FINA, FINÍSIMA -diríase que nula, casi etérea, como si una lámina de agar-agar se tratase- estoy cayendo cual mosca en más de un panal. A pesar de considerar que mis posibilidades son escasas, que mis competencias son pocas y que no tengo suerte jamás. Aún así: ¡no he podido resistirme a algunas!. ¡Ay, que se me despierta la bestia!.

Mi ignorancia es atrevida, como atrevida es mi osadía – como la que más-.  Por eso, he participado en el Concurso de Cebolla de Fuentes, organizado por PON ARAGÓN EN TU MESA y, creo, que participaré también en la propuesta de GASTRÓNOMOS DEL EBRO y ternasco de Aragón cardiosaludable. Por eso mismo y  por genuino regocijo, no me he resistido y he contestado a MI LUGAR PREFERIDO PARA  COMÉRMELO.

Primero, he partido evaluando qué lugar aragonés -si cercano y habitual o de los esporádicamente visitados como homenaje- podría seleccionar. Difícil elección. Tras ello, he ido al paraje que frecuentemente me acoge en vacaciones y he recalado en los miles de rinconines astures, galaicos o cantábricos sin saber, tampoco, por cuál decantarme. ¡Hay tantos en los que he sido golosamente feliz y satisfecha!. De ahí, he ido a parar al Sur;  luego a las anchas Castillas de la España interior. Buscando cuál de las últimas visitas ha sido la más sorprendente para mi paladar. En realidad, todo rodeos para acabar recalando -lo sabía de antemano- dónde  siempre quiero estar. Finalmente, me he decantado y he escrito:

– ¡Voy sobrada de gula! así que me comería muchísimos lugares de España!. Pero si se trata de que sólo puedo escribir sobre uno…

Me tengo que quedar con la foto fija de una tarde serena, con la piel y la boca sedientas delante de un champú y una rebosante ración de mejillones de las bateas de San Carles de La Ràpita, tras haber paseado por los serpenteantes caminos del Delta, observando aves, respirando el aroma penetrante del arroz y haber nadado en el mar abierto. Descansar en la terraza del antiguo bar del camping “Mediterrani Blau” en la playa de los Eucaliptos. La brisa del mar, el horizonte anchísimo, casi desértico, viendo las cometas volar y los buggies trotar, con el regusto a sal de los musclós y a su salsa en el paladar.

   

 

No tengo acciones en el bar. De hecho, es más bien cutre, alejado del glamour zen del diseño actual. Más bien parece un chigre. No es por amistad,  tras años de acudir, ni siquiera sé el nombre de los camareros habituales que se mantienen año a año. No es por propaganda gratuita ni otro tipo de interés. He de confesar que tampoco son los mejores que he probado en cuanto a sabor. Los hay mejores en otros sitios, incluyendo en Zaragoza. Mejores en cuanto a preparación e, incluso, en cuanto a la procedencia -sempieterna batalla con los de roca gallegos- No son excepcionales en sí. Lo realmente increíble, para mí, es el conjunto. La armonía global del momento que logra empaparme cada poro. Estoy dentro de él.  Soy él. Me uno al entorno, encada preciso y precioso momento de los pasados allí.

¡Tanto bien me causan esas circunstancias que no sólo deseo comérmelo sino que, recíprocamente, quiero que sea ese sitio preciso el que me acoja, el que me engulla, me fagocite y acabe nutriéndose de mí y de mis oligoelementos!. He hecho jurar que el día que la parca – para mi mal (o mi bien) como diría Serrat- me guiñe cautivadora un ojo, mis cenizas jugatearán traviesas con las gaviotas, sobrevolando el Delta amado!.

No sé si ganaré y, como se suele decir, ni me importa.  De verdad. Tampoco es que ver a Echanove y a su compadre corretear, con todos los gastos pagados, por España me sepa a gloria bendita.  Envidia si me dan: la justa, ¡eso he de reconocerlo!, pero no está ese libro en la lista de mi compra como prioritario.  El regalo en sí ya ha sido tener una excusa para repensar lugares preciosamente almacenados y degustados. ¡Qué de sabores revividos en tan poco!. ¡Para sí los quisieran esos dos afamados actores golosos!

Anuncios
Esta entrada fue publicada en GASTROHOMENAJES y etiquetada , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s