ANDURREANDO POR LOS CAMPOS DE BORJA

– JUSTO HACE UNA SEMANA…

Así comenzamos. Regresando al pasado gracias a bufonadas, sorpresas y demás encuentros. Habíamos quedado en el Camino de las Torres. Allí es dónde está la tienda “Mi espacio Gourmet”. Autobús repleto, salvo por seis impresentables- ja, nunca mejor dicho- gratas coincidencias inesperadas con ex-vecinos, la presencia no tan grata de conocida exasperantemente parlanchina, gente de todas las edades, profesionales del periodismo gastronómico, blogueros acérrimos a los que siempre es un placer volver a ver, familiares y clientes del Club Gourmet, etc. ¡Una alegre pandilla de lo más variopinto!. Con un listado de actividades de lo más completo, que dió como resultado una INTENSA JORNADA.

Nuestra primera parada fue visitando al siempre dicharachero Mariano, el actual Conde de Bureta, en su casa: El Palacio de Idem. Casa de la que ya somos fans reconocidos, pues en los últimos cuatro años, le hemos hecho más de seis visitas.  Desde que la descubrimos, a la menor ocasión, nos llegamos allí para comer en su restaurante, o para comprarle quesos y vino en la tienda/bar. No en vano, pertenece a la Ruta de la Garnacha y suministra leche a la Quesería de Trasmoz.  Se lo enseñamos a quien llega de otras tierras, que siempre se sorprenden- e, incluso, nos quedamos a dormir en la antigua casa de los sirvientes, ahora convertida en recomendable Casa Rural.

               

La última vez, con proyección de película hecha en el Palacio por los niños del pueblo- una original actividad didáctica que cosechó premios y aplausos,.. en fin, que es un lugar singular y te tratan fenomenal. Siempre, pero en esta ocasión, el guía que nos tocó he de decir que fue inmejorable. ¡Con qué mimo y cariño nos relató los detalles!. Un lujo de lección histórica. También pude comprobar, con envidia, los resultados del cultivo de calabazas en toneles. ¿Serán los restos de pez lo que hacen que crezcan tan exuberantes?.

Le tomo prestada la foto de la cocina porque no permiten, por seguridad, las fotos y esta narración pseudoculinaria, ¡qué menos que muestre la celeste cocina!: ¿Qué comería, qué les cocinarían aquí y cómo les prepararían los platos preferidos de la valiente Condesa y de su famoso esposo?. Tal vez, hubiese sido buena idea ajustar las explicaciones más al tema gastronómico que era la temática que nos movía. ¡Pendiente me queda investigarlo: la alimentación y los gustos de la época!. Intuyo que, sobretodo, escasez de tiempos duros aunque se fuese Condesa. Flaquita se la veía en todos los retratos. Chiquita de tamaño a dilucidar de las dimensiones de la cama. Sólo se pudo intuir el gusto por tomar agua con proceso depurativo en porcelana y el uso de vajillas y cristalerías originales Poca cosa.

Después de las risas y la visita- casi corriendo por lo apretado del horario- nos dirigimos a Ainzón. Allí, visita, con cata del vino de garnacha dulce Cristina  y del cava de Bordejé. ¡Qué riquísimo me supieron ambos!. Dejé las compras para ir otro día a visitarles. Merece la pena tomárselo con más calma y de paso, escuchar todo lo que saben José Luis  el encargado de la Bodega y el propietario: José Ignacio. Ambos tiene ¡tantísimo que contar de las bodegas, el proceso, las historías familiares,… que el tiempo implacable se fue pasando en un tris!. El bebercio maridó de vicio con los productos degustacion de la Tienda: jamón, butifarra, ibéricos junto con quesos y mermeladas de las que íbamos a visitar en Trasmoz. ¡Menudo aperitivo más contundente!. ¡Y eso que era un tanto difícil llegar a las viandas!. ¡Había que abrirse paso entre la multitud de brazos anhelantes!- ¿nadie había desayunado o qué?- je, je. Al final, hubo para todos, que eso ya lo tenían eficientemente previsto porque es lo habitual en todo evento y estos chicos son siempre espléndidos.

Tras despedirnos, partimos aún con más prisa en esta ocasión, porque la guía en Trasmoz nos esperaba. Y  fuimos recibidos también con buen humor- y escoba en ristre- por Susana en la puerta de la factoría que comporten los queseros artesanos con las mermeladas que fabrican Curro y la propia Susana: de Txacolí, de los Amantes, del Encierro,… Comida para regalar. Hecha oyendo música, como escriben -y comprobamos- en la lista de ingredientes. Siempre regadas con algo de alcohol que se les cae. Je, je. ¡Y con el mínimo de azúcar posible!- por efectos legales y búsqueda de lo saludable-. Están para no para de untar sobre pan o queso.

 

                

No sólo nos esperan esas dulces sorpresas. En el Bar del Pueblo, pudimos degustar un rico y contundente RANCHO. ¡Uf, la de tiempo que hacía que no comía ese plato tan aragonés!. Y mira que presumo de él, como plato típico y aspecto lúdico de nuestra cultura. ¡Qué acuden mil recuerdos en torno aun caldero lleno de aroma a laurel y tomillo en mi infancia!. Con fundamento, devoré mi plato al completo. Un ambiente de lo más rural: cochera de pabellón de pueblo a medio hacer. Mesas corridas que invitan a la conversación. Divertido. Lo único malo: ¡con la tripa llena, tuvimos que tirar p´al monte!. Trepar al castillo. Intentando eludir a las brujas para que nos dejasen apreciar los paisajes, los poemas de Bécquer y todo lo atesorado en el Torreón. Pendientes del reloj. Estresados un tanto porque nos esperaban en Tarazona. Mil historias interesantes nos podría haber contado la guía. Le encanta su función y estaba más que dispuesta pero…¡una lástimica!. Nos invitó a volver el día 2 de julio: fiesta grande con maravedíes y sorpresas brujeriles.- Me será imposible. Andaré por otras lares más mediterráneos-. ¡Ya he disfrutado de esa magia pero no me importaría repetir!.

 

La traca final: conocer, por fin, ¡el interior de la Catedral de Tarazona!. Mil veces visitando la zona y sempieternamente en obras. Ahora no dejan hacer fotos- los dueños no dejan- nos dice la estricta guía oficial.

 

Asi que “robo” de la web ésta y dejo constancia de que ¡menos mal  que Curro siguió haciendo de anfitrión/Cicerone!.

Estupendo, locuaz, divertido, ocurrente!. Nunca he visitado una iglesia con tanta “chispa”. No sólo le ponen mucha vida a sus originales mermelas. También a algo tan regio como una visita esperadísima.

Así de contentos- y cansados- nos volvimos todos. Deseando repetir.  Le haremos la petición a esta Virgen concreta. Porque ¡eso sí que fue apropiado para la excursión!: acabar recorriendo altares- aún por terminar- en nombre de la procedencia de todas las viandas: Virgen de la Huerta. Colofón más que recomendable. ¡A descansar toca!.

 

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