¡HACE YA MÁS DE UNA SEMANA QUE BASTILLAMOS!

¡HORROR!. Me disponía a escribir los gastrohomenajes y demás actividades de este fin de semana. Cuando me he topado con la desagradable sorpresa de que aún no había editado las dos actividades estrella de la semana pasada. La cena en La Bastilla  del jueves y la Excursión con mi Espacio Gourmet del domingo. Aquí escribo las cuatro tontunadas de la cena. 

Seguimos con las armas en ristre. Esta vez, frivolizando:  TOMANDO LA BASTILLA


¿Cuándo fue la batalla? el jueves, 16 de junio, a las 20:30 hs.
¿Dónde? en el Restaurante La Bastilla  con José Ignacio Acirón, su agradable chef como culpable principal del ternasquicidio.
¿Cómo? Empuñando de forma soberbia todas sus armas: baja temperatura del asado, desfibrado de la tiernísima carne, tempura de “pensamientos de cordero”- eufemismo de sesos, por si a alguien le resultaba estomagante si se le anticipaba-
¿Quién fueron los  estrategas planificadores de la Lucha encarnizada?: Los Gastrónomos del Ebro, ¡cómo no!.
Excusa, ¿Por qué?: por el ternasco de Aragón. ¡Qué mejor!
Para alivio de la lucha: gracias a los “vinos divertidos”, nos fuimos reponiendo de la “dura” batalla. Con Gewurtraminer embotellado en alumnio- oí la palabreja allí, por primera vez- para empezar. Antonio -de Cena en Casa- la mencionó varias veces. Yo callé porque mi incultura enológica  es tan mínima que… ¡ni de uvas blancas sé y eso que se supone que son mis caldos preferidos!. Así que me negué a declarar mi opinión sobre los tintos. Lo más:  la novedad de los envases y los nombres- por algo se dicen “vinos divertidos”-  y la afabilidad de Pepe Marco. Se sentó a nuestra vera y nos ilustró sin petulancias. ¡Ah y, por supuesto,  la sorpresa del vino dulce!.
¿Cuántos combatientes? 60 personas que- en realidad- sólo combatieron contra sí mismas por refrenar sus impulsos y no solicitar un pedacín más de cada una de las exquisiteces.  Al menos yo- salvo de los sesos- confieso que hubiese dado cuenta de un poco más de todo. No porque pecasen de escasos. Fueron perfectamente servidos por Carmen y Rubén, solícitos y generosos.  Sino porque la dulzura del acaramelamiento,  lo crujiente de la piel, el rico sabor de cada carne cuidadosamente presentada, el colorido de la menestra y sus variadas  texturas cada una en su punto, la sorpresa del helado de garnacha, …¡ desataron mi gula más brutal.
¡Qué tengo más peligro…!. Eso si que me da miedo y no los franceses ni la lucha revolucionaria. Yo misma desatada un jueves. Lo peor.
Aquí dejo las fotos que me  impuse mandar ayer, sin falta, al concurso con el fin de ganar medio ternasco para intentar imitar los platos en casa. ¡Qué atrevimiento!. – Aunque, realmente, no sé si logré dar con la forma correcta de enviarlas, sniff-.

Por cierto, también el representante de Pastores estuvo más que genial explicando su forma de trabajar, su fundamento. Nos implicó en la lucha contra los tópicos que nos alejan del ternasco por poco saludable y graso, con demostraciones de lo contrario y exaltación de lo patrio. Un acierto.

Fue una gran cena porque todo estuvo, realmente, exquisito. También fue una velada llena de aprendizajes, conversaciones interesantes y risas.

Gracias, Gastrónomos. Nos vemos el domingo!!!!!!!!!!!- A estas alturas, tengo que rectificar y decir… ¡qué agradable fue también vernos y compartir el domingo pasado de excursión!- Y, ¿qué habrá ocurrido con el concurso de fotos?. Mira que si me ha tocado y yo pasando filetes de pechuga a la triste plancha…

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