A VUELTAS CON LOS PEPINOS

– ¡Ayudadme, he quedado con Lucy, ¿qué me pongo?– decía mi hermano, medio en cueros, mirando su parte del armario, mientras hacía toda clase de mohines.

Un pepino en la cabeza!- voceábamos triunfantes el resto de la saga fraterna desde los distintos puntos de la casa.

La venganza se toma fría, como la sopa de pepino o el gazpacho del que es ingrediente fundamental el susodicho.  Y así, cuando, por fin, se nos daba la oportunidad de tirarle a la cara la frase mil veces antes recibida, no la dejábamos pasar.  Rabiando, también, por el agravio comparativo que suponía echar un ojo a su abultado fondo de armario respecto al  nuestro…

Ni idea de dónde surgió esta broma- si de película, teleserie o cosecha propia- pero nos duró y dió para mucho. Desencadenaba o bien catarsis entre golpes de almohadas donde reíamos hasta la extenuación o bien furibundas pataletas a la tremenda que aludían a la inutilidad de tener hermanos o a la consabida ristra de exabruptos acompañados del eterno “paraquememolestaréendeciropreguntarnada,mierdamocos”. Todo dependía del estado de ánimo que dictase la ocasión. Pero siempre, al final, fue ingenuidad tronchante el recreo de esa imagen. Mientras cenábamos, aún flotaba en nuestra mente colectiva la escarniosa escena. Y la sonrisa se iba pegando de comisura en comisura, sin osar a comentar nada más. Cual ola en estadio de fútbol lleno de sordomudos. Inevitable al repensar a la víctima acudiendo de esa guisa, cuasi desnuda, a citas importantes o a quedadas rutinarias. Simplemente coronada con el fálico alimento como único refugio al pudor. Hasta nuestros mayores, que minutos antes nos habían llamado al orden, paladeaban la visión muy ufanos.

Esta ha sido una de las formas en las que los pepinos han estado presentes en mi verbosidad. Otra frase remanida ha sido: ¡Y un pepino que te den!versión del famoso jamón con chorreras en negativas variopintas. La usábamos porque nos parecía más dura, más de mayores, pero no suponía un serio peligro, no acarreaba miradas tan fulminantes como el que musitábamos a escondidas – ¡que te den por dónde amargan los pepinos!.

El tan traído y maltrecho pepino español ha sido socorro de mi hambre, fundamento de mi dieta en tantas temporadas de restricciones y de tantas formas que debería erigirle un monumento. Hubieran sido otros mis devenires sin su sustento acalórico. Vitaminada hortaliza, saciante alimento. Mis neveras hubiesen estado infinitamente más tristes: un kilo de pepinos llena muchos huecos en el cajón y en el estómago. Y mis primeros afanes culinarios, basados en ensaladas y platos fríos -exentas de amenazantes llamas- no se habrían producido o se habrían retrasado.

Debo pleitesía a este humilde manjar. Gratitud eterna.

¡Hasta ha proporcionado frescor y descanso a mis ojos de estudiante!.

Me ha hecho salir del paso en cenas imprevistas.  He fardado de novedad- tiempo ha- preparando combinados de amarga ginebra con rodajas de pepino mientras escuchaba el Universo. He cumplido propias expectativas al ver crecer en mis macetas mínimos y extraños frutos circulares tras una floración asombrosa e imparable y al permitirme experimentar con la cocina griega, turca y con otras variantes mediterráneas llenas de salsa pepinera, la llamemos como la llamemos: Tzatziki, Cacik, Tarator, Djadjik…

Ha calmado sed y hambre. Y todo sin dejarse sentir. Sin indigestiones ni repeticiones, al menos en mí. Pelado o a franjas, remojado en sal o a palo seco, siempre listo. ¡Cuánto disfrute al oír el chasquido al morder un pepino fresco!.

Por eso, si fuese periodista me habría encantado cubrir esta noticia y si fuese poeta, no habría derrochado tanta palabrería, habría sido capaz de redactar un soneto o un poema que contara tanto en poco. Pero como no lo soy, aquí dejó uno y … ¡QUÉ NOS DEN UN SINFÍN DE PEPINOS!- y disfrutarlos haciendo, al menos, estas doce RECETAS para reírnos de Alemania, Rusia y su XXXX madre mientras nos imaginamos a sus correspondientes mandatarios con un pepino en la cabeza y ¡nada más delante de las cámaras!.

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2 respuestas a A VUELTAS CON LOS PEPINOS

  1. Casi Casi dijo:

    Niña, enhorabuena. Cada día me gusta más cómo escribes. A ver si te veo un día. Te debo una caña 😉

  2. Liacice dijo:

    ¡Hooooolaaaaa!: ¡Qué alegría!. Muchas gracias. Se hace lo que se puede atendiendo y desatentiendo a los consejos de unos y otros. Las cañas pendientes, que te debo o me debes, siguen ahí, a la espera. Estaría genial. Pensé que el contacto se habría perdido completamente cuando ví que borraste el blog. ¿Hay una forma de leerte en otro lado?. Creo recordar que tenías más blog. Me gustaría devolverte halagos y seguir aprendiendo. Besotes entretanto

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