A PROPÓSITO DE CANIBALISMO III: AUTOCANIBALISMO

¡Qué rico, ay, qué rico!

– Atentado contra la propia salud maxilobucal como poco- dice mi dentista.

– Ansiedad extrema de tratamiento reeducativo y, por supuesto,  carísimo- le dijo circunspecto el psicólogo a mi madre, mirándome disciplente de soslayo.

-Manías de niña consentida. No le hagas caso. En dos días se le pasa y te quejarás del gasto en limas, que todas os volvéis igual de antojadizas- aseveró mi abuela, atizándome el consabido manotazo.

– Se te unirán los dedos como a los patos- contaba la leyenda urbana de mi patio colegial.

– Tiene tomates en vez de dedos- coreaban picajosos mis hermanos viendo los vergonzantes apaños a mis uñeros.

Ni por esas.  Mi  ego – y/o mi hambre- debe ser tan grande que es que es que …¡me como!.

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