EL PARAÍSO VIENE A MÍ

Al final, ante mi reticencia a salir de Zaragoza este inestable abril, parte de la folixia y de los manjares de la mi gente astur me llegaron. Directamente: el mismísimo Paraíso en mi salón. Y, con ello también algo de todas vosotras. Celia, fíaaaaaa mía, la primera.

Todos mis sentidos se fueron despertando, el primero de ellos: la vista y creí estar disfrutando de vuestras miradas, mirándome y mirándolo todo. Maravillándonos con el verdín prestoso, descubriendo uno tras otro los paisajes del Oriente y del Occidente astur: Castropol con su deje gallego y la cercanía a Ove, Taramundi con la etnografía de Teixois,  Vidiago y su entrañable camping, Arriondas y la emoción al escuchar el himno y ver las canoas partir en tropel, Ribadesella con la alegría de su llegada; Tazones, Cabo Peñas y El Molín del Puerto- ahora desolado porque se lo tragó la gota fría del año pasado dejándonos sin ese rinconín encantador y las delicias de sus llampares!- y todo ese largo etcétera de descensos folclóricos, de  coloridas Exaltaciones gastronómicas y de lugares compartidos: Playa del Silencio, playón de Bayas,  Barayo, Picos de Europa, Somiedo, etc..

También reviví el paisaje minero. Bajé a las entrañas de la tierra en El Entrego y admiré el colorido del MUSI en La Felguera. A la mayoría de la gente no le parece nada idílico pero para mí es tan especial que hago como las madres para las que ninguno de sus vástagos es poco agraciado- ¡ay, mi Langreo!- Rememoré el regreso de los Indianos en Colombres. Me transporté a la Escalerona a la espera de lo que nos deparase la noche, paseé por la Escandalera a la tarde.

Disfruté del mejor de los Románicos, el primigenio, de la expectación ante la inauguración del Niemeyer y ¡tantas cosas más que se atascan en el teclado!. Todo gracias a vuestra presencia eterna en mi alma que se despertó y fue desplegando tantas y tantos recuerdos en apabullante barullo cuando semejante asgayada de exqusiteces apareció y me dispuse a caciclar en el cestín.

En un feedback descontrolado, aparecieron los recuerdos auditivos: escuché las gaitas, las tonadas, el “Asturias, patria querida” y el cancionero entero del Víctor Manuel más autóctono. Ése que destrozamos, a la mínima ocasión, desgañitando nuestras gargantas. Los sentidos se unen y nos visioné refugiándonos del tacto húmedo del orbayu al amor de un caldíu chigrero:   en la Pomar, bajo la Quintana, en el Corzo, en El Calderu . ¡Sorprendiéndome cual infante al ver las vacas correr por primera vez!.  Y también allí regresa el sonido de nuestras risas y nuestras voces interpuestas. Aprendiendo palabros en bable, encantadas al ver las similitudes con la fabla. Desgranando largas charradas o discusiones  amigables mientras se amontonan las botellas con el preciado fruto de manzana.

Con sólo remirar la foto, se excita mi sentido del gusto y del olfato. Vuelvo a necesitar un gran babero pues asemejo a un babayu pringoso. Me bastó catar un bocatín del bollu preñau y dejar escurrir un culín por mi garganta para ensoñear con todo lo compartido y fabulado en el pasado- Y no sé si el  sentirme en medio- y de lleno- en el mundo mágico de las tradiciones astures  corresponde o no a un sexto sentido pero me sentí transitar por las caleyas recónditas en busca de cuélebres y xianas, guiándome por el traqueteo de los carros de sidra. Huyendo del mal de güellu, mientras nos pasaban el agua.

Rememoré las cenas en las otras caleyas, la nuestras, las  “Caleyas” by Canteli .  Devorando patatas al cabrales, cachopos de setas, tortus de máiz,  moscancia, chipirones angulados, pastel de cabracho, … Rematándolos con frixuelos y carajitos.  “La Covi y la Pili” unidas en irrevente chancías y dubías eternas sobre las certezas que ya no nos son válidas.

Y sidra, más sidra porque “beber no cura pero ayuda a enloquecer”- como decía la canción de Más birras.

En fin que ¡me sentí como niña con zapatos nuevos ante esta muestra más del hermanamiento asturmaño!.  Estoy aquí, en Zaragocica, oyendo porromponpones pero también estoy allí. No quiero despertar de esa ensoñación. Sólo deseo seguir en el Paraíso, con todas vosotras.  Para lograrlo, no me queda otra que preparar una fartura gastronómica con todo ello y,  enredada en tu pecho, echar luego un pigazu mientras pienso “esti güevo, sal quié”.


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Una respuesta a EL PARAÍSO VIENE A MÍ

  1. isabel dijo:

    Hola Cecilia!
    Ya le he echado un vistazo rápido a tu blog. En general, me gusta bastante el tono pero -y aquí me pongo del lado de Mario más que del de Sergio- algunos post son bastante largos, quizás demasiado. Por ejemplo, en el del Sushi de madrugada, me parece que la “chicha” está sobre todo al final… y en medio, un montón de cosas necesarias y otras no tanto para lo que nos querías contar.
    Atención también al uso de los signos de puntuación: ¡Una coma fuera de lugar puede conseguir que no entendamos la frase!. Las erratas, las malditas erratas, son más inevitables (y perdonables, a todos nos pasa).
    En clase comentamos más cosas sobre tu blog.

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