PICHINICAS DE GATO II

La gastroquedada de los Gastrónomos del Ebro, del 7 de marzo, se desarrolló en torno a las cervezas y a las salchichas. Estuvo realmente bien organizada. Las cervezas que Sergio, el maestro cervecero, con su profesionalidad nos ofreció fueron fantásticas. Si queréis disfrutar de su sapiencia cervecera lo podéis encontrar todos los miércoles en el “Juan Sebastián Bar”.

Y, las salchichas, excepcionales. Y que eso lo diga yo que rechazo desde hace años cualquier alimento cárnico de forma tubular tiene mucho mérito. Era mayor impedimento que el de la dieta a la hora de valorar si acudir o no. Desde un infortunado mediodía tudelano que me dejó aversión salchichera. Por una broma absurda de una vecina petarda. Estábamos comiendo las salchichas en salsa de almendras que mi madre nos había preparado con todo su amor e, irrumpiendo en la cocina, tuvo la desfachatez de exclamar: – “¿Qué hacéis comiendo pichinicas de gato?”.

Esa frase fue suficiente. ¡Qué fantástico es el poder de las palabras!. Disimulando me saqué el trocito de salchicha fresca que tenía en la boca y que tan ricamente me estaba comiendo. ¡Aún recuerdo su sabor y el olor que había en casa siempre al llegar del colegio!. A comida recién hecha. Sin recalentar. A mesa puesta. El sabor a frutos secos y a perejil. Y, al resto de ingredientes secretos que se callaba para que no la rechazáramos que la infancia es niquitosa y no eran tiempos de tirar nada. A pesar de lo bueno que estaba y del hambre que tenía, algo se me revolvió en el estómago. Y se grabó en mi memoria. Aún perdura en mí la sensación de asco que sentí.

Miré a mis hermanos que siguieron indiferentes, no dije nada. Abandoné el tenedor, como si fuese algo casual. Miré el reloj. Mentí diciendo que iba a terminar los deberes, los iba a pedir la “señorita” por la tarde. Por años, he disimulado. Ni mi adorada longaniza, con su acanelado aroma, he probado sino estaba laminada, troceada, partida, disfrazada, oculta entre  gustosas migas o sabrosas tortillas.

Las salchichas que “Cárnicas Bernal” nos ofreció, a pesar de estar cortadas, me dieron cierto repelús al principio pero su perfume y el puntito cervecero ayudó y estuvieron a la altura de las cervezas, combinando perfectamente.

En definitiva, pasamos un buen rato entre blogueros, hosteleros y amantes de la buena comida. Doy fe de que aunque fue comida hecha prontamente, no estuvo reñida con la calidad.  No sólo nos alimentaron, “avivaron” lenguas y espíritus. Sirvieron de excusa para conocer otro lugar de disfrute: “El Fran Beer” del Paseo Rosales y para comunicarnos con otras personas. ¡Hasta conocí in person al creador de “entrecolycol,lechuga. La cocina plural”, blog del que soy seguidora fiel. Y también a Bertus, de cuyo blog que me he permitido tomar prestadas las fotos. Las mías salieron fatal.

Fue todo un pequeño lujo. Repetiré. Aún a costa de la dieta. Porque una buena velada gastronómica tiene un poder sanador mayor que  diez sesiones de terapia. Sin dilemas. Sin culpabilidades.

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4 respuestas a PICHINICAS DE GATO II

  1. Elena dijo:

    Avisa, que no sólo de “Amadeos” viven las “Casildas”. Y a mí, comer y beber me gusta todavía más que escribir.

    • Liacice dijo:

      Perfecto. ¡Nos vemos en un tris! (aunque sea frase hecha, je,je). Gracias por el enlace con la historia. Fue divertido y estimulante. Igual que el paseillo hasta el escitor y la caña en el Sol. Un buen final para el día ventolero. Mañana más (no sé si me dará tiempo a los crespillos pero lo intentaré).

  2. David dijo:

    ¿Cómo culpabilidades? y las gentes que se conocen. En mi caso, en la última conocí una buenísima pluma. Que no deje de escribir, please.

  3. Liacice dijo:

    ¡Hola, David!:
    Mil gracias por los ánimos. No te imaginas lo agradable que me sentí al ver tu comentario inicial del domingo. Ni cómo me he sentido hoy al ver que no sólo habías entrado y ya está sino que, además, lo estás leyendo todo, todo. Gracias y tranquilo que, de momento, pienso seguir. Me resulta un tanto adictivo. Me bullen las ideas (ya em desfondaré, supongo). Y más con estos ánimos que me váis dando y compensan la caña que me meten en el curso los puristas de las letras. Es lo suyo. Me parece bien que lo hagan. Aunque, ave ces, me hunde un tanto y estoy apunto de dejarlo.

    Prometo corresponderte y, hoy, sin falta, pasarme largo rato entretenida, aprendiendo de vuestra sapiencia y experiencia. Confieso que sólo me dió tiempo a revisarlo un poco por encima pero, ya con sólo ese vistazo, me pareció un gran trabajo.

    El placer del encuentro fue mutuo. Me encantó conoceros y me sumió en la sorpresa porque lo raro es que no hubiesemos coincidido antes en otros saraos dadas las inquietudes compartidas y la cercanía. Un lujazo que también pienso repetir así que, por favor, avisad si hay un evento interesante y así nos vemos.

    Besotes a los dos de las dos.
    Cecilia

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