INSOMNIO II (nuevo intento)

Eran las cuatro y dieciocho cuando me levanté. Necesitaba seguir mi impulso insomne y poner en práctica lo aprendido en el curso de Shusi, hace ya dos semanas.

Con temor al resultado, pero me puse en acción.  Creo firmemente en que se cocina mucho mejor desde el placer. Es el ingrediente principal. Aval de éxito. Desde el dolor, con intranqilidad o malestares varios  las recetas se complican, la sal del lacrimal invade el paladar. Las lágrimas anegan las salsas, las llenan de agria sensación que se trasmite a los comensales. Embutida en mi delantal, pensando en todo ello, me sentí como si no fuese realmente conmigo tal decisión.

El culpable: la imagen de una grieta, terrible, tremenda y angustiosa que invadió mi sueño recién estrenado. Una grieta y agua, mucha agua. Agua que corría, agua que arrasaba, agua que atrapaba. Y cuerpos flotando para ser varados entre containeres.

Necesitaba hacer algo porque de sobras sabía que ningún sopor ni estado alfa alguno iba a regresar ya. Proceder de una familia de insomnes optimistas es un grado respecto a esta sapiencia. Heredas tablas junto con un arsenal de trucos por si, en cualquier momento, alguno decide funcionar. Mi sueño es frágil per se y  no necesita pesadillas ni haber tenido un día marrón para tomar prestadas horas extras de vigilia.  Como, además, me niego a probar la química como remedio (tengo una peligrosa flaqueza frente a las adicciones) el asunto se torna habitual. Aún así, antes de tomar la determinación final , fui probando los remedios más eficaces, en otras ocasiones, con la única finalidad de retrasar el momento de activarme corporalmente. Más que nada porque el trasteo de los cacharros, cazuelas y fuegos producen malos despertares en la concurrencia. Ante la ineficiacia evidente,  renuncie a dormir de nuevo, definitivamente.

Las canciones ochenteras suelen imponerse en mis duermevelas como un mantra machacón.  Y, mientras repasaba si tenía todos los ingredientes necesarios, intenté recordar el nombre del grupo. Me reconforté con lo cierto del estribillo, con lo lejos, más que lejos que está el desastre nipón de aquí. Tanto que no nos llegará esa furia devastadora del mar ni los escapes radioactivos. No a este secano de los Monegros. No estamos en medio de ninguna placa tectónica amenazante.

Mi mente, a esas horas, suele fluctuar envuelta entre gestos sigilosamente forzados, migajas de sopor y emociones emergentes. En este caso, mientras decidía qué desayunar – porque con el estómago vacío, no puedo funcionar- esos pensamientos serenadores se veían alterados por todos los datos acumulados que acudían a mí. Hablaban de los efectos del terremoto, sobre el llanto hacia dentro de los nipones  y sobre el desplazamiento del eje terrestre acortando el día. El calor del eterno café con leche e ir repasando los pasos a seguir me ayudó a compensar esos recuerdos nefastos.

-“¡No tengo remedio!. La población japonesa pasando penalidades y yo ¡calmándome a base de pensamientos gastronómicos!”-. Pronta demagogia culpable me atacó.  Otra vez la negatividad me amenazó. Manos a la obra como único refugio. Tenía bastante en que pensar con todo lo que nos contó Luis Kiu, chef y propietario de los Restaurantes Sakura, maestro de ceremonias del curso realizado en la Gastroteca Barbacil, iba a ser todo un reto intentar emular a su cocinero.

Como la base de todo sushi es el arroz, lo primero con lo que me atreví fue con cocerlo. Analizado a la luz del fluorescente y con ojos legañosos, el arroz que había adquirido me pareció un poco menos corto y redondeado que el que Luis nos mostró. Me había sentido satisfecha por encontrar el auténtico arroz glutinoso pero era menos homogéneo y más alargado que el suyo. Los japoneses, nos conto, aprecian el arroz  que asemaja  bolitas, capaz de aportar textura cremosa, de granos individualizados pero fuertemente unidos a la vez, sin riesgos de desparrames peligrosos. Formando un conjunto tan eficaz y coherente. Pensé en cómo la gastronomía, las preferencias, responden al carácter de sus culturas, mientras el agua caía sobre mi agraviado arroz . No me permití olvidar que hay que lavarlo bien, de 4 a 5 veces,  para eliminar el almidón.

“En los restaurantes y en las casas japonesas, al usarlo como acompañamiento para todo, se cuece en grandes cantidades y en ollas automáticas”- recordé. De nuevo humillada, coloqué mi pequeño y trasnochado cazo con el  kilo de arroz, el agua justa (nos chivó un truco: en su país, no usan los centilitros, miden el agua colocando la mano sobre el arroz de forma que el agua vertida cubra los dedos y hasta un poco más allá de los nudillos) y el alga Kombu (sólo un par de trocitos, es un aditivo opcional).

Tapé la mezcla, con el fuego al máximo y me alejé a hacer otras faenas y seguir con el runrún de mi cabeza ya que aún no me atrevía a poner la radio para escuchar las últimas noticias.  La única forma de evitar destaparlo con cualquier pretexto o tener la tentación de añadirle sal u otro condimento es hacer otras cosas a la par. Suelo tender a la indisciplina frente a la receta y a la duda corrosiva.  La mayoría de las veces,  pese a salir de la norma estricta de la receta al pie de la letra, obtengo resultados positivos . Un poco de creatividad aporta la sensación de acceder a algo irrepetible. Pero, está vez, el gran Gurú había sido tajante y sólo me permití acercarme para bajar el fuego y dejarlo otros 15´, igualmente tapado.

Fileteé los pepinos, el aguacate y el mango. La premura de mi madrugón me obligó a planificar la realización de los Makisushi,  casi, vegetarianos. Me conformé con elaborar Kappamaki (MakiSushi relleno de pepino) renunciando a los suculentos lomos de salmón y atún. Los sustituí por escasos langostinos, filetes de sepia y surimi, testigos de la cena del día anterior.  ¡Casi llegó tarde para apartar del fuego el arroz!,  intentando recordar la historieta mitológica del demonio Kappa.  Eso sí, dejé reposar el arroz cocido, sin abrir, otros 15 minutos.

Deseaba que transcurriese ya ese cuarto de hora final. Estaba impaciente por abrir la tapa, por comprobar el resultado y hasta por abanicarlo. Y no era para menos porque resultó muy  relajante ese movimiento sincopado: 10 minutos de esforzado bamboleo. Logró hacer emerger un sinfín de aromas procedentes y que alcanzase la temperatura ambiente, como manda la tradición. Lógicamente, nada de abanico en los restaurantes. Luis confiesa que usan ventiladores para acelerar el proceso de enfriamiento.

Después, eufórica, preparé el aderezó: azúcar (medio kilo), vinagre de arroz (220 cc.), sal (media cucharadita) y vino de arroz o ‘mirin‘. ¡Sin saltarme ese orden! Pese a que ya comenzaba a oír ruidos de despertar en la casa y a ponerme nerviosa. Para ser un vulgar grano, no el ideal, y yo una principiante alterada por la pesadilla, el resultado fue espectacularmente parecido al arroz que se elaboró en el curso. ¡Prueba superada!.

Ya puesta, decidí, transformar el producto de mi insomnio en una sorpresa  para reconquistar. No sería un desayuno con diamantes pero sí un  Homenaje Compartido. Los malos presagios se alejaron. Estamos fuera de cualquier epicentro. Eso pensamiento fue el impulso definitivo para lanzarme a buscar la esterilla de bambú – mientras intentaba recordar su nombre- y el alga Nori. Dispuse los elementos y  cree los rollos. Me faltó pericia pero no decisión. Las seis y veinte, justo a tiempo.

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Una respuesta a INSOMNIO II (nuevo intento)

  1. celia dijo:

    Bueno,decir que me alegro de tu insomnio no seria del todo real,pero que en “algunos”momentos si “agradeci”un poquito tus escasas horas de sueño..si puedo decirlo…¡un momento..!¡un momento…!todo tiene su explicacion.Debo decir primero que somos amigas,y claro cualquiera diria,pues joder(no es horario infantil,asi que algun que otro taco esta feo…aunque permitido)menuda amiga…eh…que lo repito,y lo remarco…somos muy amigas…calma…calma…que ya va la explicacion.Gracias a tu mal dormir,gracias a tus escasas horas de sueño…yo vivi importantes momentos de ternura-nostalgia-niñez…gracias a tu mal dormir,a tus escasas horas de sueño..yo volvi a ratitos a ser esa niña pequeña que por supuesto un dia fui….gracias a tu mal dormir,gracias a tus escasas horas de sueño….yo volvi a sentir el calor de hogar que recordaba de lo que ahora no tengo ni volvere a tener nunca porque ya perdi,mi niñez y a mi madre..por que al abrir los ojos,despues de haber dormido(yo si)una larga noche con todas sus horas y sueños en ese gran camarote que siempre esta dispuesto y abierto para toda vuestra gente(entre la que por suerte me incluyo)la siguiente sensacion era el oir muy leve de tu ir y venir por la casa,en tu cocina,en tu terraza con tus plantas…en un rellenar tus horas de escaso y mal sueño…y por supuesto una vez que una hacia esas necesidades tan inmediatas que surgen nada mas despertar,osea,hacer pis…(que placer despues de tantas horas..uuff),irte a buscar por la casa,encontrarte y recibir un gran buenos dias con una enorme sonrisa(a pesar de tu mal dormir ,de tu escasas horas de sueño..)y siempre acompañado todo ello por un desayuno echo con todo el cariño(la presentacion demostraba tal echo)….por todo ello GRACIAS…no se muy bien en realidad si todas las sensaciones contadas son reales o si una con el paso del tiempo las selecciona e incluso inventa o imagina a su conveniencia..pero si se que yo gracias a ti,a tu mal dormir,a tus escasas horas de sueño…fui un poquito feliz

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